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Mundial 2002 | FÚTBOL

Blatter niega la palabra a la oposición

Surrealista congreso financiero de una FIFA rota ante las elecciones presidenciales de hoy

Rocambolesco, delirante y surrealista. Así fue ayer, en Seúl, el congreso extraordinario de la FIFA sobre sus finanzas, reclamado por 54 federaciones, en guardia por las acusaciones de corrupción lanzadas contra su presidente, Joseph Blatter, por algunos de sus colaboradores. En las cinco horas de una sesión orquestada por el propio Blatter, que negó la palabra a sus críticos ante el estupor general, resultó evidente la fractura del organismo a la espera de las elecciones presidenciales de hoy, en las que el suizo se enfrenta al camerunés Issa Hayatou, al que también dejó mudo. En cambio, sí cedió la palabra a los representantes de Jamaica, Caimán, Seychelles, Papúa-Nueva Guinea, Libia, Irán o Perú, todas con subvenciones FIFA.

Blatter, contra el que once de sus altos cargos se han querellado por malversación de fondos en un tribunal de Zúrich, su sede, abrió la asamblea recordando que en la FIFA prevalece la 'democracia', la 'transparencia' y la 'solidaridad'. Si recientemente decidió de forma unilateral suspender una auditoría interna, ayer divulgó un informe de la comisión de finanzas y la auditora internacional KPMG. Según sus papeles, la FIFA tenía a finales de abril unas reservas en caja de 913 millones de francos suizos (625,7 millones de euros). Pero las cuentas de la oposición son otras: un déficit de 570 (390,6).

A Blatter muy pronto se le torció el gesto. Michael Zen-Ruffinen, un ex árbitro helvético al que nombró en su día secretario general, le puso la primera zancadilla. 'Soy el responsable de las cuentas y me han limitado la información. Me he enterado de este informe hace dos días y, desde luego, las cifras no son reales, sino que están maquilladas. Si se aprueban, no me hago responsable y diez federaciones irán a los tribunales'.

A la primera banderilla, Blatter apuntó su 'sorpresa' por las declaraciones de Zen-Ruffinen: 'No era lo pactado hace unos días'. Luego, hizo un sucinto repaso de las últimas vicisitudes -la bancarrota de ISL-ISMM, la empresa que gestionaba la mercadotecnia de la FIFA; la quiebra del grupo audiovisual Kirch...-. La primera catástrofe ha supuesto un agujero de 36,9 millones de francos suizos (25,3 millones de euros). Todas las vicisitudes, según Blatter, se han superado al convertir valores, como los derechos de marca y anticipos de ingresos del próximo cuatrienio, en títulos negociables.

Concluidos los discursos de Blatter y sus asesores, y tras un tentempié con representantes de 202 países, llegó el gran alboroto en el turno de preguntas. De las numerosas manos alzadas, Blatter fue dando paso a unos sí y otros no. Empezó el delegado de Jamaica, que le agradeció 'lo mucho que ha hecho por los pobres'. En una rueda de prensa posterior se supo que este dirigente ya había abierto el último congreso y de forma, al igual que ayer, elogiosa hacia el presidente. Blatter se justificó: 'Es muy alto y se le ve enseguida la mano'. Al caribeño le siguió el libio, un hijo de Gadafi, que dio las gracias, no se supo por qué, 'a Dios y al profeta'. Él se llevó los primeros abucheos. Lo mismo que le pasó al enviado de Papúa-Guinea, preocupado por si la crisis anunciaba recortes para ellos.

Pero lo mejor estaba por llegar. Tomó la palabra el emisario de Caimán: 'En mi país somos más famosos por las finanzas -tenemos 600.000 dólares (657.000 euros) en depósito- que por el fútbol'. Blatter pidió calma de nuevo mientras los silbatos tronaban y el delegado somalí, que hace unos meses denunció que le habían comprado el voto en 1998, se desgañitaba para que le dieran el testigo. No tuvo suerte porque recayó en Seychelles, un socio de KPMG, la auditora: 'Si los auditores están haciendo su trabajo, para qué una comisión interna'. Y para pacificador el indio, que pidió el Premio Nobel de la Paz para el brasileño João Havelange, presidente honorario de la FIFA. Por cierto, todos iban aludiendo a las cartas, de Blatter y otros, que durante la noche se habían colado bajo la puerta de sus habitaciones.

La noruega Karen Espelund, la única mujer que intervino, pidió a Blatter que dejara expresarse a la oposición. Pero ni por ésas. Tampoco lo consiguió Chung Mong-Joon, presidente del comité organizador surcoreano, a quien Blatter replicó haciéndose el sueco: 'Doy por clausurado el congreso'.

Ya en los pasillos, Zen-Ruffinen ironizó: 'Se ha demostrado la transparencia y la democracia de la FIFA. ¿Por qué no decir la verdad si se ha perdido dinero, máxime si quizá no sea culpa de nadie, sino de la coyuntura'. Y Blatter puntualizó: 'Dije que pondría unas condiciones al convocar el congreso. Además, no se podía dar la palabra a todos'. Hoy se medirá a Hayatou, que no Honolulú como le llamó el delegado peruano en otra secuencia del esperpento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de mayo de 2002