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Reportaje:CRÓNICA EN VERDE

Invasión a ras de suelo

La hormiga argentina causa alteraciones en los frágiles ecosistemas de Doñana

Aunque de forma silenciosa y casi invisible, amplias zonas del planeta están siendo colonizadas por la hormiga argentina, una especie procedente de Suramérica que causa profundas alteraciones en aquellos ecosistemas en los que se instala. En España se tienen referencias de su presencia desde comienzos del siglo XX, cuando ya se consideraba una plaga en los huertos valencianos. Doñana es el primer espacio natural protegido en donde se ha analizado el impacto de este insecto invasor, capaz de desplazar, mediante sofisticadas técnicas de combate, a especies nativas diez veces más grandes.

En la naturaleza, algunas de las más feroces batallas por la supervivencia se libran a escala casi microscópica. En Doñana, los grandes depredadores, como el lince o el águila imperial, se comportan como simples aficionados frente a la agresividad, y las sofisticadas estrategias de combate, que muestra la hormiga argentina (Linepithema humile), una especie invasora que, desde finales del siglo XIX, ha sido capaz de colonizar amplias zonas del planeta.

En España, las primeras referencias a este diminuto insecto, originario de Suramérica, se remontan a 1923, cuando algunos autores la citan ya como plaga en los huertos valencianos, a los que posiblemente llegó después de cruzar el Atlántico oculta en algún cargamento de madera.

Soledad Carpintero, que el pasado verano se doctoró en Biología con una tesis dedicada a la presencia de esta hormiga en Doñana, es una de las pocas especialistas que en España han analizado las repercusiones ambientales de esta invasión. 'Se trata de un animal', explica, 'capaz de producir daños a distintos niveles, ya que se manifiesta como plaga doméstica y agrícola, pero también se introduce en el medio natural, alterando la flora y fauna silvestres'.

Conforme va conquistando territorio logra desplazar o eliminar al resto de hormigas nativas, ya sean terrícolas o arborícolas, modificando el delicado equilibrio que reina entre las diferentes comunidades de insectos. En Doñana inquieta, sobre todo, la presión que puede ejercer sobre la hormiga florícola (Cataglyphis floricola), un endemismo exclusivo de este espacio natural, y también las molestias que causa en otros insectos indespensables en las tareas de polinización y dispersión de semillas.

Parásitos

Si la hormiga argentina ha triunfado como especie invasora no se debe únicamente a la ausencia de aquellos parásitos y depredadores que, en Suramérica, limitan su crecimiento, también han influido algunas de sus llamativas habilidades. 'Es capaz', detalla Carpintero, 'de formar grandes colonias provistas de numerosas reinas, es poco estricta en sus hábitos de alimentación y nidificación, posee un eficaz sistema de reclutamiento en masa y puede adaptar su ritmo de actividad a la temperatura ambiente'. Además, fuera de sus lugares de origen, no compite con otras hormigas de su propia especie, con lo que varios hormigueros pueden unirse hasta crear enormes sociedades unicoloniales.

A la hora de defender su territorio es cuando esta especie revela algunas de sus más temibles armas. Mantiene un elevado número de obreras patrullando, es muy agresiva y 'despliega unas tácticas de lucha que no tienen nada que envidiar a las de los grandes estrategas bélicos', dice Carpintero.

En Doñana la hormiga argentina se ha localizado, sobre todo, en los alrededores de los centros de recepción de visitantes, oficinas, laboratorios y casas de guardas. Pero también se han encontrado ejemplares en algunos puntos retirados de las viviendas, como alcornoques aislados a los que posiblemente ha llegado en alimentos transportados por aves. De momento, reconoce Carpintero, 'no sabemos si la invasión va a tener éxito en estos territorios apartados, pero a la vista de lo que ha ocurrido en otros lugares del mundo, no puede descartarse que la hormiga argentina sea capaz de ocupar zonas naturales de Doñana y, en definitiva, nos preguntamos si quedará algún reducto del parque nacional fuera de su influencia'. Como conclusión, esta bióloga reclama el que se adopten algunas medidas de control para evitar la propagación de este insecto.

Desde la Estación Biológica de Doñana (EBD), Xim Cerdá es el investigador que ha retomado los trabajos de Soledad Carpintero en torno a esta especie, incidiendo en el impacto que puede causar en otras comunidades de insectos y el lógico empobrecimiento de la biodiversidad que este fenómeno ocasiona. 'Hemos comprobado como la hormiga argentina ataca y ocupa los nidos de otras especies de distribución ibérica y andaluza', precisa, 'llegándose al extremo de que en determinadas zonas del parque se ha convertido en la única especie presente'. Y lo cierto, añade, es que esta invasión 'conlleva efectos negativos a diferentes niveles del ecosistema, efectos que se dejan notar más allá de las propias hormigas'.

Comentarios y sugerencias a propósito de Crónica en verde pueden remitirse al e-mail: sandoval@arrakis.es

El dominio de la supercolonia

Hace algunas semanas la hormiga argentina adquirió una repentina popularidad fuera de los circulos científicos. Algunos medios de comunicación se hicieron eco de un llamativo descubrimiento realizado por investigadores de varias universidades europeas. Analizando la presencia de esta especie en diferentes lugares del continente, estos científicos determinaron la existencia de una supercolonia compuesta por miles de millones de individuos repartidos entre millones de nidos que se extienden, a lo largo de unos 6.000 kilómetros, entre la Riviera italiana y las costas gallegas. A juicio de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, 'se trata de la mayor unidad cooperativa jamás descubierta'. Como explica Miguel Delibes, investigador de la EBD, esta estrategia obedece, en realidad, a un defecto. Las colonias que se han ido estableciendo en países foráneos se originan a partir de unos pocos ejemplares reproductores, lo que provoca la pérdida de buena parte de su variabilidad genética. 'En otras palabras', aclara Delibes, 'todos los ejemplares son muy parecidos entre si genéticamente, y debido a ello, cuando un soldado argentino, en California o en Doñana, tropieza con otro, lo encuentra tan similar a sí mismo que cree que es de su hormiguero, y en lugar de atacarlo, trabaja junto a él y para su reina'. A esta capacidad de cooperación se une un eficaz sistema de comunicación hormonal, que permite la transmisión de mensajes a gran velocidad, con el inmediato reclutamiento de grandes efectivos para hacer frente a un enemigo o recolectar comida. Aunque sea una virtud de primitivos insectos que apenas miden dos o tres milímetros, esta sofisticada red de comunicaciones está siendo investigada por sus posibles aplicaciones a los modelos informáticos que facilitan la navegación por Internet.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 27 de mayo de 2002

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