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Crítica:DORMIR

Concentrado de masajes en el valle del Pas

BALNEARIO DE PUENTE VIESGO, terapia antiestrés en la Cantabria interior

Las aguas vivificantes manan junto al río Pas, en el norte peninsular, donde un añejo balneario de estampa palaciega sigue remediando la obesidad, el reúma o el estrés a miles de curistas cada año, incluida la selección española de fútbol, que lo utiliza ocasionalmente en sus concentraciones. Modernizado el hotel según las expectativas creadas por el nuevo turismo de salud, en boga con la etiqueta exótica de wellness, ya no existe ningún obstáculo para reservar una habitación bajo el cielo amable de Cantabria y dejarse agasajar a modo con todo tipo de masajes, pediluvios, envolvimientos fangosos y baños anestesiantes. Urge un vistazo al calendario, por si acaso la zona spa cuelga el cartel de completo.

BALNEARIO DE PUENTE VIESGO

Categoría oficial: cuatro estrellas. Dirección: Manuel Pérez Mazo, s/n. Puente Viesgo (Cantabria). Teléfono: 942 59 80 61. Fax: 942 59 82 61. 'Web': www.gruporhin.com. Instalaciones: garaje, jardín, piscina exterior, instalaciones de balneario, salón, chimenea, sala de convenciones (para 400), bar, comedor. Habitaciones: 11 individuales, 90 dobles y 3 'suites'; con baño, calefacción, teléfono, minibar, TV vía satélite, secador y albornoz. Servicios: cuartos adaptados para discapacitados, no admite perros, alquila bicicletas. Precios: temporada alta, 127,50 + 7% IVA; temporada baja, 98,75 + IVA; desayuno, 8 + IVA. Tarjetas de crédito: American Express, Diners Club, MasterCard, Visa, 6000. Arquitectura ... 7 Decoración ... 6 Estado de conservación ... 8 Confortabilidad habitaciones ... 7 Aseos ... 6 Ambiente ... 7 Desayuno ... 4 Atención ... 9 Tranquilidad ... 7 Instalaciones ... 7

El balneario vive los meses de primavera y verano atestado de huéspedes en albornoz yendo de una instalación a otra con el afán de quien aguarda el turno de un sobe prometedor, epicúreo, ingénito a la cultura ancestral del culto al cuerpo y no solamente como terapia frente a una dolencia. Atendidos por verdaderos facultativos, se someten a los más gozosos tratamientos bajo unas bóvedas rezumantes de humedad, de vapores fragantes y salutíferos, desde las cuales se filtra una delicada luz cenital. Cada sesión tiene su recetario, supervisado por un personal sanitario encantador: termarium, 60,10 euros; cromoterapia, 60,10 euros; baño de Poppaea, 39,07 euros; bio-relax, 48,08 euros.

El alojamiento, pese al bullicio reinante en días de boda o convención, exalta el romanticismo del paisaje en sus jardines interiores, ordenados con pulcritud y algarabía multicolor. Sin ser muy amplias, las habitaciones ofrecen una decoración cuidada, igualmente colorista, juvenil. Los suelos, bien enmoquetados, invitan a descalzarse. Las paredes se conservan sin tacha ni rasguños. El mobiliario, a prueba de humedades, resulta cómodo para la lectura o el sesteo después del hidromasaje. Algunas habitaciones orientan sus balcones a los arriates y luminarias del jardín, a la piscina azul turquesa y a la pista de tenis que se columbra detrás. Otras dan a los montes acharolados que delimitan el entorno natural de Puente Viesgo.

Sorprende, por ello, que el kit cosmético sea tan modesto y de estuchado industrial, cuando en la recepción del balneario existen a la venta unos tarros de gel, champú y crema de manos con propiedades terapéuticas. Tampoco los desayunos parecen muy dietéticos: bandejas de mortadela, jamón asado, lonchas de queso, bollería en serie, café de máquina expendedora y zumos con sabor a botica.

ALREDEDORES

LOS MONTES circundantes verdean gracias al benigno clima cántabro, que permite al balneario permanecer abierto durante todo el año. Constituyen un parque botánico sembrado de castaños, robles, arces, hayas, nogales, laureles y, sobre todo, eucaliptos. El valle está surcado por el río Pas, cuyas aguas se unen a las del Pisueña en Vargas. Desde la iglesia de San Miguel, por un camino paralelo al balneario, donde antaño discurría la vía del tren, se llega a la localidad de Castañeda. Vale el paseo y un almuerzo en su conocida hostería. En sentido contrario se encuentran las cuevas prehistóricas de Puente Viesgo y el parque de Corrobárceno. Y, a 28 kilómetros, se sitúa Santander.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de mayo de 2002

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