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Última jornada de Liga | FÚTBOL

Reyes de las excusas

El equipo de las excusas encontró en Riazor la coartada perfecta: el Madrid jugará el miércoles la final de la Copa de la Europa, y ante eso no hay partiditos que valgan. Es cierto que el duelo frente al Deportivo estaba devaluado por algo parecido a la intrascendencia del resultado. Permanecía en el alero la segunda posición en la Liga, con el fastidio para el tercero de comenzar la fase preliminar de la Copa de Europa en pleno agosto y después del crujido del Mundial. Pero también en este asunto encuentra excusa el Madrid: nunca ha disputado la fase previa de la Liga de Campeones porque levantó la orejas cuando estuvo en esa situación, en 1998 y 2000. O sea, cuando lo necesitó.

También se escuchará el argumento de los cinco suplentes. Es cierto, jugaron cinco y se añadieron algunos más en el segundo tiempo, confirmación de la prioridades de Vicente del Bosque. Pero resulta que los suplentes no jugarán la final de Glasgow y en algún momento tendrán que demostrar algún talento y transmitir un poco de energía. Pues no. El partido de Riazor los desacreditó definitivamente. Por si hubiera dudas sobre su incompetencia para jugar en el Madrid, frente al Deportivo fracasaron con el aire indolente de los que no están, ni se les espera. Al Madrid le ha llegado la hora de soltar lastre o de penar con esta gente.

Por encima de las excusas que se quieran manejar, está la realidad de un equipo que no ha jugado un partido decente fuera del Bernabéu en toda la segunda vuelta. Ese es el rasgo más sospechoso, por preocupante, del Madrid, equipo que administra sus esfuerzos con usura. Su desafecto por esta Liga ha sido absoluto. Pero ahí están los esfuerzos de la Copa de Europa para servir como justificación al equipo de las coartadas.

El partido tuvo el mérito de colocar al Deportivo por encima del Madrid, cosa obligada a la luz del juego que han desplegado los dos equipos en el campeonato. El Depor ha completado una temporada admirables con varios jugadores sobresalientes, como Fran, Mauro Silva o Tristán. Lo de Valerón es diferente. Es más. Su influencia en esta Liga y en la Copa de Europa ha tenido un calado muy superior al de Zidane. Con todo lo excepcional futbolista que es el francés, y fuera del ruido que produjo su fichaje, el dinero y su fama, ha estado lejos de Valerón, jugador maravilloso, pero de perfil tan bajo que parece abochornado por los elogios. Si le diera por tener protagonismo en el Mundial, España encontrará una mina de futbolista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de mayo de 2002