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Tribuna:EL FUTURO DE SAN SEBASTIÁN

Nuevos tiempos para la movilidad

Afirma el autor que las actuales obras en San Sebastián son coherentes con todo un plan estratégico sobre las alternativas para moverse en el siglo XXI.

Soy consciente de las molestias que ocasionan las obras en La Concha, en la glorieta de Errotaburu o el cierre de la calle Matía. Del enfado de sectores ciudadanos que desconfían de cambios que consideran radicales, pero que son coherentes con todo un plan estratégico sobre las alternativas para movernos en el siglo XXI. Por todo ello pido disculpas y le invito a una reflexión en profundidad.

El incremento del parque de automóviles y de los desplazamientos, el uso intensivo de los coches en la ciudad, representan un problema insoluble que amenaza nuestra calidad de vida. Cada año, el centro de San Sebastián soporta mayor presión de vehículos y los viales de acceso se saturan y soportan retenciones en horas punta.

Ante este panorama, dar más facilidades para usar el vehículo en ciudad se convierte en una trampa y en un autoengaño, porque al poco tiempo, los nuevos viales y aparcamientos centrales resultarán insuficientes. Las ciudades no pueden sucumbir a las demandas ilimitadas de los vehículos.

La oferta de nuevas infraestructuras como el ambicioso vial Amara-Ibaeta, los aparcamientos del Boulevard y Buen Pastor, el Puente de Mundaiz, etcétera, no resuelven por sí mismas los problemas si no van acompañadas de soluciones alternativas que eviten su desbordamiento a medio plazo.

La solución, como indica la Unión Europea y las cumbres sobre el Medio Ambiente, pasa por adoptar iniciativas para concienciar y reducir el uso del automóvil, potenciar la movilidad a pie, en transporte público o en bicicleta y lograr así la recuperación del medio ambiente.

Lo cierto es que llegan nuevos tiempos para la movilidad. En San Sebastián, con esfuerzo y entre polémicas, hemos ido dando paso a los irrenunciables ejes peatonales, las plazas sin coches y los carriles-bus. Medidas que hoy han sido incorporadas con naturalidad a la vida cotidiana, y que son vistas con agrado y envidia por personas y especialistas de otras ciudades que nos visitan.

Pero la convivencia equilibrada entre las lógicas aspiraciones individuales de libertad y autonomía en el desplazamiento y el interés superior de la movilidad de todos, en un espacio urbano privilegiado, requiere de un trabajo sin descanso y de gran complejidad. Nos queda así por garantizar el uso de la bicicleta con seguridad, ofreciendo una Red Básica para poder utilizarla.

La actuación en el Paseo de la Concha no es un capricho, sino un paso más hacia un modelo de ciudad sostenible y equilibrada. De los cuatro carriles, ceder uno en beneficio de la bicicleta y los peatones, es apostar por el futuro obligado de la movilidad. Y disfrutar con un paseo más seguro, tranquilo y ecológico.

El hecho cierto es que dedicar cuatro quintas partes del Paseo de la Concha a vehículos, muchos de los cuales circulan a velocidad excesiva, la contaminación acústica y del aire que producen o la inseguridad de peatones y ciclistas, nos llevaron al encargo de estudios técnicos rigurosos de cara a abrir un debate participativo sobre la decisión a tomar.

Quién sabe si, a medio plazo, no se utilizará ese vial sólo para modernos tranvías, autobuses y servicios públicos, complementando lo anterior con un gran aparcamiento subterráneo en la zona de Ondarreta bien conectado.

La clave está en garantizar la accesibilidad al centro, que no tiene que estar ligada necesariamente al coche privado. Llegan los tiempos de los aparcamientos disuasorios, del transporte colectivo apoyado en las nuevas tecnologías de la información, de la conversión del Topo en un auténtico Metro Intercity, de la Estación Intermodal, del Consorcio Comarcal de Transportes y de las calles con arbolado y más atractivas para el ocio y las compras.

Persistir en la coherencia del plan y en el diseño imaginativo de estas actuaciones, en su ejecución, para alcanzar una ciudad más humana, habitable y ejemplar es, sin duda, una responsabilidad colectiva, pero al mismo tiempo un compromiso de los técnicos municipales y mío personal, por lo que le pido un margen de confianza.

Odón Elorza es alcalde de San Sebastián.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de abril de 2002