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ETA explosiona un potente coche bomba en Getxo sin causar víctimas

La explosión, la cuarta en tres años y sin un objetivo determinado, sólo causó daños materiales

La organización terrorista ETA hizo explotar ayer, a las dos y diez minutos de la tarde, un coche bomba en Getxo (Vizcaya), en las cercanías de Neguri, barrio tradicional de residencia de la burguesía industrial y financiera vasca. La deflagración sólo causó daños materiales, ya que la Ertzaintza y la Policía Local, alertados por una llamada en nombre de ETA al diario Gara y a la asociación de ayuda en carretera DYA, establecieron un cordón policial y avisaron a las familias por megafonía para que no salieran de sus casas. El coche bomba de ayer es el cuarto colocado en la misma zona en los últimos tres años.

"Si en el barrio viviese el lehendakari y alguno más, ahí no pasaba nada". Las manifestaciones de impotencia de los vecinos ante la nueva explosión iban de los insultos a la sensación de desprotección. La explosión de ayer frente al número 14 de la calle de Manuel Smith parece que no tenía un destinatario concreto. La zona de la explosión, sin ser propiamente Neguri sino Las Arenas, fue el área de crecimiento natural del barrio de la burguesía vasca.

A escasos metros de donde ETA hacía explotar el coche bomba está la casa de la abuela de Cosme Delclaux, el abogado secuestrado por ETA en 1997, frente a la que ya explotó un coche en junio de 2000.

Sin embargo, según las primeras impresiones de la investigación, no parece que la bomba estuviera dirigida contra esta familia, sino a amedrentar a la población de una forma general. En las proximidades reside también algún juez y un ex consejero del BBVA de los recién dimitidos tras el escándalo de las cuentas secretas.

Unos cuarenta kilos

El coche bomba estaba compuesto por entre treinta y cuarenta kilos de un explosivo sin determinar, según informó la Ertzaintza. Estaba colocado en un vehículo marca Ford Fiesta, de color granate y con placas de Bilbao falsas y dobladas. Al parecer, según la misma fuente, este turismo fue sustraído en Lekeitio (Vizcaya) el pasado 11 de abril.

Las ambulancias de la DYA desplazadas a la zona sólo tuvieron que atender a dos personas, una por ataque de nervios y otra, de una dolencia cardíaca. La indignación entre los vecinos congregados, junto a los que se encontraba el alcalde de la localidad, el nacionalista Iñaki Zarraoa, era palpable mientras esperaban para volver a sus casas tras el cordón policial: "Prefiero no hablar para no decir disparates". Casi como si ya fueran expertos en explosivos, comentaban que la potencia de la bomba utilizada por ETA en su último atentado era menor que la del anterior atentado en la zona. "No tengo ni ganas de entrar en casa para ver los mismos destrozos del año pasado", comentaba con hartazgo un hija a su padre.

Muchos residentes de la zona se encontraban fuera de sus domicilios paseando en un día soleado en el momento de la explosión. Los que estaban en los edificios colindantes tuvieron que refugiarse en los garajes desde donde oyeron y sintieron la bomba.

El balance de daños materiales fue de cristales, puertas y ventanas rotos y seis coches afectados por la explosión. El Departamento de Interior abrió ayer una oficina en la comisaría de la Ertzaintza de Getxo para recoger las denuncias de los vecinos afectados por el atentado.

Con la paulatina vuelta a la normalidad a lo largo de la tarde de ayer, empezaron a llegar las condenas de todos los partidos políticos. El PSE-EE, el PP, el PNV, EA e IU coincidieron en señalar que ETA solamente quiere sembrar "el terror" y "asustar" a la sociedad.

Mientras los socialistas pedían la unidad para acabar contra ETA, los populares insistían en ilegalizar a quienes les apoyan, en referencia a Batasuna, y los nacionalistas manifestaban la necesidad de que la sociedad democrática vasca les venza.

Todos los partidos del Ayuntamiento de Getxo, excepto Batasuna, han convocado para mediodía de hoy una concentración en repulsa por este atentado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de abril de 2002