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FÚTBOL

El Rayo se escapa del descenso

El conjunto vallecano gana con justicia en el último suspiro y deja a Las Palmas tocado

Parecía imposible. Empujaba el Rayo, llegaba con facilidad, remataba y todo lo fallaba. Moría ya el partido cuando voló un córner y Corino aprovechó la torpeza de la zaga canaria para fusilar. Con ese gol, 32 jornadas después de caer al pozo, el Rayo abandonó los puestos de descenso. Lo hizo tras pasar por encima de Las Palmas, lo que le dio la victoria más importante y más necesaria de una temporada angustiosa, en la que la posición del equipo no hace honor a lo que éste enseña en el césped. El Rayo ganó fuera de casa por primera vez en todo el curso. Lo hizo, como corresponde a un especialista en el sufrimiento, en el suspiro final.

El partido pone a Las Palmas bajo sospecha. Porque fue un equipo sin carácter y con argumentos mínimos. Se enfrentaban dos conjutos cuyo destino podía quedar marcado por lo que pasara en estos 90 minutos. Y la ansiedad tuvo un papel protagonista. Pero al que más apocó, sorprendentemente, fue a Las Palmas, que nunca supo cómo manejar el encuentro. Un disparo lejano de Samways y un remate de cabeza de Jorge que Etxeberría logró despejar a córner, resume todo el bagaje ofensivo previo al descanso. Muy poca cosa.

El Rayo, mientras, crecía con el paso de los minutos. Pero la relación de este equipo con el gol, sobre todo lejos de Vallecas, es tormentosa. Una jugada de pizarra finalizó con el remate a bocajarro de Vivar Dorado, que sacó el joven Orlando. En ese escenario, Las Palmas supeditaba su juego a los destellos individuales, sobre todo de Pablo Lago, más que a la armonía de un conjunto que debió estar concienciado para hacer de este choque la batalla final por la permanencia.

Se acentuó aún más el dominio del Rayo en el segundo periodo. A los ocho minutos se produjo una jugada imposible. Trianguló el Rayo por la izquierda y Míchel mandó el balón al área pequeña, donde apareció, solo, Vivar Dorado, con toda la portería para él. Pero mandó fuera el balón, en una acción que nada tiene que envidiar a aquella célebre de Cardeñosa frente a Brasil.

Parecía que, si el Rayo no marcaba entonces, no lo haría nunca. Las Palmas gozó de un par de ocasiones en los pies de Orlando, pero el empate se antojaba inamovible. Hasta que en un córner, la jugada favorita del Rayo, Corino se encontró aquel balón y lo mandó dentro con furia, en lo que fue un gol que no tiene precio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de abril de 2002