Crítica:
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

Masificación y sociabilidad

Los aficionados a la sociología estamos de enhorabuena, pues no sólo acaban de reeditarse en bolsillo las dos más célebres colecciones de ensayos de Georg Simmel (Sobre la aventura y El individuo y la libertad, ambas en Península), sino que además aparece por fin la traducción al castellano de su Pequeña Sociología (1917), como también se conoce esta breve pieza para distinguirla de la Gran Sociología de 1908 que, junto con La filosofía del dinero (1900), constituye su obra maestra. Georg Simmel (Berlín, 1858-1918) es el popularizador de la sociología en la Alemania de la Belle Époque.

Para autores como David Frisby (o González García entre nosotros), Simmel es el auténtico maestro de Max Weber: su diálogo con Marx y su inspiración en Goethe y Nietzsche son los mismos, así como su caracterización cognitiva de la experiencia de la modernidad. Sin embargo, su éxito profesional fue dispar, pues la popularidad de Simmel como conferenciante y ensayista, añadida a su origen judío, le granjeó la envidia de sus colegas, bloqueando su carrera académica. De este modo, la posteridad sólo reconoce la magnitud de la obra de Weber, y en cambio rechaza la del marginado Simmel, tachada de formalista, fragmentaria y superficial. Sólo con el giro fenomenológico que experimentó la sociología tras la crisis del funcionalismo se pudo rehabilitar a Simmel, a quien hoy se reconoce como el precursor de campos fundamentales de estudio: el interaccionismo simbólico, la sociología del conflicto, el análisis de redes o la microsociología de Goffman.

CUESTIONES FUNDAMENTALES DE SOCIOLOGÍA

Georg Simmel Taylor Traducción de Ángela Ackerman Pilarí Gedisa. Barcelona, 2002 153 páginas. 9,90 euros

Y ahora, cuando el posmo

dernismo ha impuesto la temática del riesgo y la complejidad, Georg Simmel ha retornado por la puerta grande, imponiendo sus percepciones sobre la hipertrofia del consumo reificado, la tragedia de la cultura objetiva o la ambivalencia del destino contingente y fragmentario.

En cambio, en España Simmel tuvo mucho éxito gracias a la influencia de Ortega, que lo reconoció como un alma gemela y lo adoptó como su guía y modelo a imitar, hasta el punto de seguir su misma carrera profesional: el éxito como conferenciante y ensayista del Ortega de los años veinte en Madrid es idéntico al de Simmel en el Berlín de cinco lustros antes. Pero también fue su modelo intelectual, pues tanto su raciovitalismo como sus temas mundanos (la moda, la coquetería, el costumbrismo metropolitano, etcétera), así como muchas de sus obras (en particular La rebelión de las masas y El hombre y la gente) están inspirados en Simmel. De ahí que la Revista de Occidente tradujera desde un principio casi todas sus obras, por lo que su influencia sobre la cultura y la sociología españolas han sido desde entonces muy superiores a cuanto cabría esperar. Por eso hace dos años, al cumplirse el centenario de La filosofía del dinero (la obra máxima simmeliana), la Revista Española de Investigaciones Sociológicas le dedicó en su número 89 un importante monográfico especial.

Pero faltaba por conocer en

castellano esta obra menor, encargo editorial cumplido desde su exilio en Estrasburgo poco antes de su muerte, al final de la Primera Guerra Mundial. Se trata de un resumen de sus temas fundamentales, a los que retorna con el formato de una introducción metodológica. De ahí que insista en sus neokantianas categorías a priori, las formas de socialización, ya propuestas en su Gran Sociología de 1908. Y si allí se centraba en el tamaño del grupo y las formas de la interacción en el tiempo y el espacio, aquí hace lo mismo, escogiendo tres cuestiones privilegiadas: la rebelión de las masas (con intuiciones que apuntan al dilema del free rider propuesto por Olson), la sociabilidad del estilo de vida urbano (lo mejor del libro, que anuncia la distante atención desatenta de Goffman) y el individualismo romántico de Goethe, como superior al ilustrado de Kant (con ideas ya expuestas en su ensayo sobre El individuo y la libertad, que plantean el conflicto entre Ilustración y Romanticismo en términos análogos a los que habrá de proponer Isaiah Berlin).

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