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Crónica:La jornada de Liga | FÚTBOL

El Barça tira su última ocasión

El cuadro azulgrana, de nuevo amodorrado y con un juego gris, tropieza ante Las Palmas

El Barcelona acabó ayer de certificar su triste papel en una Liga que, si ya la tenía difícil, ayer vio cómo se le alejaba de manera definitiva. El partido ante Las Palmas podía ser su último tren o, al menos, su último intento por concluir el campeonato peleando por el título. Pero el empate castigó al equipo azulgrana, que, a partir de ahora y de la misma manera que en la pasada temporada, tendrá que sudar de lo lindo para intentar concluir entre los cuatro primeros y ganarse un puesto para disputar la próxima Liga de Campeones.

El cuadro de Carles Rexach reforzó la sensación que ha deparado durante las últimas jornadas: se ha convertido decididamente en un mal remedo de depredador -un papel que no le va en absoluto-, en un conjunto que se atiene al marcador, incapaz la mayor parte de las veces de hacer fluir el juego que se le presupone y que trata de armarse desde atrás y de evitar desperfectos irreparables en la defensa, lo que, para más inri, no siempre consigue.

BARCELONA 1| LAS PALMAS 1

Barcelona: Bonano; Puyol, Christanval (Geovanni, m. 59), De Boer, Coco; Luis Enrique (Gabri, m. 69), Xavi (Motta, m. 69), Cocu; Kluivert; Overmars y Saviola. Las Palmas: Orlando Quintana; Ángel, Sarasúa, Olías, Paqui; Jayo, Samways; Jorge (Alberto, m. 78), Pablo Lago, Carmelo (Rubén, m. 73); y Orlando (Sequeiros, m. 64). Goles: 1-0. M. 19. Luis Enrique, llegando por la derecha, resuelve una excelente asistencia de Kluivert. 1-1. M. 53. Orlando abre a la derecha a Carmelo, que le devuelve al balón para que empalme de volea. Árbitro: Ramírez Domínguez. Mostró la tarjeta amarilla de amonestación a Paqui, Samways, Carmelo y Sequeiros. Expulsó por doble cartulina a Kluivert (m. 84) y Angel (m. 87). Unos 45.000 espectadores en el Camp Nou.

Rexach no ha conseguido todavía que su equipo mantenga una velocidad de crucero, una estructura sobre el campo que le permita encarar y disputar los partidos con mayor tranquilidad. Privado del concurso de Rivaldo, el técnico azulgrana decidió mantener a Overmars punzando a la defensa rival desde los extremos y a Saviola por delante de Kluivert. Xavi volvió a intentar mover al equipo desde la posición de medio centro, con Luis Enrique y Cocu en los flancos. Pero el Barça volvió a poner de los nervios a su afición.

Las Palmas, sin hacer gran cosa, dispuso de un par de buenas ocasiones. Sus dos aproximaciones le bastaron para poner patas arriba a la defensa del Barça. El primer remate de Carmelo lo salvó a duras penas y con el pie Bonano mientras que el segundo, de Pablo Lago, se fue lamiendo el travesaño poco antes del descanso.

El Barcelona marcó en su primer tiro a puerta después de una genial asistencia de Kluivert. El delantero holandés recuperó primero el balón, hizo una pared con Saviola, muy atinado en las combinaciones en la frontal, y realizó una apertura perfecta hacia la derecha, por donde llegaba con ventaja y decisión Luis Enrique. El asturiano no perdonó y, con la pierna derecha, un par de metros ya dentro del área, toco lo justo para que el cuero se colara entre Quintana y el palo. No se habían cumplido los 20 minutos. El partido estaba que ni pintado para el Barça. Sin haber hecho ningún alarde, dominaba por 1-0 y había logrado hacer estragos en el equipo canario, que concedió una nueva y gran ocasión en una cabalgada de Overmars que Kluivert culminó con un tirazo que escupió el travesaño.

El cuadro insular, que dedicó un marcaje especial de Paqui a Saviola e intentó que Overmars siempre encontrara un doble muro defensivo, se recompuso y se encontró a gusto con el ritmo lento que fue adquiriendo el juego. El Barcelona no mantenía una continuidad ofensiva y Las Palmas iba encontrando algún que otro hueco para que Pablo Lago o Carmelo pusieran en apuros a la defensa azulgrana. La modorra con la que se sucedían los acontecimientos acabó de traicionar al Barça, que recibió un gol como el que no quiere la cosa. En un excelente remate de Orlando, eso sí, pero tras una carrera de Carmelo que dejó en evidencia el boquete defensivo del flanco izquierdo azulgrana.

Rexach despabiló después a su equipo. Prescindió de un defensa, Christanval, e incorporó a Geovanni. Con dos extremos, Saviola de ariete y Kluivert en la media punta, el Barça acometió de manera insistente, todo cuanto no lo había hecho antes. El técnico intentó refrescarlo con la entrada de Gabri y Motta en detrimento de Xavi y Luis Enrique. Pero el desorden, la falta de puntería, de Kluivert y Saviola especialmente y las providenciales paradas de Orlando Quintana, evitaron entonces el gol azulgrana. Las acciones se repetían de manera machacona: centros de Overmars, remates de Kluivert o Saviola y paradas o rechaces de Orlando Quintana. No hubo manera de que el Barcelona pudiera abrir la defensa canaria. Y así acabó dejando escapar su último tren.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 31 de marzo de 2002