Columna
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La burbuja

Obligado el presidente Aznar a dar un balance positivo de la cima europea de Barcelona, un paso más de la tendencia dominante en el economicismo europeo, para la ciudadanía es fácil llegar a la evidencia de que no hacía falta tanto ruido para tan pocas nueces. Ninguna de las conclusiones suscritas o aplazadas necesitaban una reunión tan tragicómica para ser suscritas o aplazadas y los líderes europeos han aportado la inquietante sensación de que necesitan reunirse dentro de una burbuja protegida incluso para cacharros antimisiles suministrados por la OTAN. Además, se estableció un filtro en la frontera francesa en el que se retuvo a miembros de la organización Attac, atemperada como la historia misma.

Reunida en su burbuja tan extraña gente, la ciudadanía siguió su vida a la espera de lo realmente interesante: qué iba a pasar en el Camp Nou en el partido Barcelona-Real Madrid y hasta dónde llegaría la operación de acoso de los llamados movimientos antiglobalizatorios. Y ahí está, ahí está... la Puerta de Alcalá. Triunfales manifestaciones de sindicalistas europeos, de guardias de diversas porras que entonaban himnos de la resistencia antifranquista y finalmente el apoteosis de miles y miles de ciudadanos ideológicamente policrómicos pero de facto pertenecientes a esa nueva internacional en ciernes: la de los globalizados contra los globalizadores. La reunión de Barcelona ha servido para ratificar ese frente y meter en él no sólo a lo que queda de la izquierda del siglo XX sino a lo que promete ser la izquierda del siglo XXI.

Dentro de la burbuja, todos sonreían, contentísimos de haberse conocido, como si realmente representaran a la Política independiente de los diseños del poder económico. Carreristas y conversos, a salvo de cualquier control antidopaje, los máximos políticos de Europa se contaban a sí mismos el cuento de la lechera y enterraban el imaginario de aquella Europa diferente construida sobre su propia memoria emancipatoria: la Europa de Aldo Moro, Willy Brandt y Enrico Berlinguer. Aparentemente prescindían de que la burbuja estaba rodeada por toda clase de incómodos bárbaros. Más allá de la burbuja, la policía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 17 de marzo de 2002.

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