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Crónica:La jornada de Liga | FÚTBOL

El nuevo Tenerife deja a medias su reacción

El Espanyol mereció de sobra el empate

El Tenerife se mantiene como colista después de desaprovechar su segundo partido consecutivo en casa y los resultados de otros rivales directos en la lucha por la permanencia. Después de doblegar la pasada jornada a Osasuna, el conjunto de Javier Clemente tenía el objetivo de encadenar una nueva victoria, pero enfrente se encontró a un Espanyol que logró desbaratar los planes y se mereció el empate, sobre todo por una primera parte en la que controló el juego e hizo mucho daño al rival con un trabajo soberbio de Álex y De Lucas, en el centro del campo, y de Tamudo en la delantera.

Y eso que en el minuto tres se adelantó el Tenerife con un gol de Fuertes en uno de los pocos fallos de la zona de contención españolista. El delantero argentino también tuvo opción de marcar poco después, pero Mora neutralizó la jugada. A partir de ese momento, el grupo de Paco Flores se adueñó del encuentro, comenzó a tocar con criterio el balón y se hizo acreedor al empate.

TENERIFE 1| ESPANYOL 1

Tenerife: Aragoneses; Javi Venta, Lussenhoff, Alexis, Basavilbaso; Jordi (Simutenkov, m. 77), Jaime, Bassedas (Iván Ania, m. 70), Xisco (Martí, m. 51); Marioni y Fuertes. Espanyol: Mora; Navas, Lopo, Rotchen, Ricardo; De Lucas, Morales, Alex, Roger (Catalá, m. 72); Palencia (Munteanu, m. 66) y Tamudo (Aganzo, m. 75). Goles. 1-0. M. 3. Fuertes se escapa tras recibir de Jaime y bate a Mora a trompicones. 1-1. M. 19. Tamudo remata debajo de los palos tras un saque de esquina. Árbitro: Esquinas. Expulsó a Rotchen (m. 68) y amonestó a Morales, Ricardo, Alex, Lussenhoff y Basavilbaso. Unos 14.000 espectadores en el Heliodoro Rodríguez.

Con el descanso llegó la restructuración del equipo insular. Clemente buscó reforzar la zona central del campo, pero el juego ofensivo era excesivamente directo y con escasas combinaciones. De hecho, los atacantes locales no propiciaron acercamientos excesivamente peligrosos porque la precipitación y el carácter previsible de sus jugadas facilitaban la labor destructora de los catalanes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de marzo de 2002