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Reportaje:APUNTES

Impresiones postelectorales

Los comicios en la Universidad de Valencia dejan en el campus un paradójico sabor agridulce

La Junta Electoral de la Universidad de Valencia proclamará hoy definitivamente rector de la institución a Francisco Tomás, que venció en el martes pasado en las primeras elecciones celebradas según el nuevo sistema establecido por la Ley Orgánica de Universidades. Nunca se habían proyectado tantos focos sobre el campus. La razón de la inusitada resonancia estriba precisamente en el 'estreno' del sufragio universal universitario. La novedad y la expectación generada sugieren la necesidad de una reflexión posterior que apenas se ha publicitado. Sin embargo, se pueden apuntar algunas de las lecciones provisionales extraídas de la, hasta hace una semana, inédita experiencia.

La primera y más notoria conclusión es paradójica. Por un lado, se detecta una satisfacción generalizada (excepción hecha del colectivo de estudiantes) por el hecho de que los candidatos hayan tenido que defender sus programas en contacto directo con el electorado, que se hayan reunido con unos y otros y haya existido la opción de lanzarles propuestas públicas. En pocas palabras, que los aspirantes al rectorado 'hayan bajado a la arena', al decir de un profesor. Los candidatos mismos no han ocultado los aspectos positivos de este contacto. Pero, al mismo tiempo, hay un regusto amargo porque el sistema ha sido impuesto por una ley que rechaza buena parte de la universidad, como quedó patente antes de la aprobación de la LOU y como volverá a visualizarse en las manifestaciones en su contra convocadas para el próximo jueves. 'Con independencia de cómo se ha desarrollado el proceso y de quién ha ganado, el frente contra la LOU sigue abierto', remarca Magdalena López Precioso, máxima responsable de CC OO. en la Universidad de Valencia. Alvaro Pons, representante de FETE-UGT, sintetiza así ese estado de ánimo paradójico: 'Es como si dijeras: no me gusta el método, pero sí lo que ha pasado'.

La principal 'virtud' del sistema electoral impuesto por la LOU, es decir, la ampliación del electorado que vota al rector a toda la comunidad universitaria se ha revelado como el principal problema. 'Crece el número de electores y, sin embargo, se les encastilla en colegios muy cerrados', subraya el rector electo, Francisco Tomás, 'lo cual ha provocado desencanto'. ¿Cómo abordar el problema? 'La ley nos ha dejado en una situación desairada, puesto que marca unos porcentajes de ponderación del voto , de manera que, al final, todos los colectivos afectados se sienten agraviados'. Josep Lluís Barona, el candidato perdedor, califica el procedimiento de 'elitista, al primar excesivamente al colectivo numerario y esa ponderación aberrante', continúa, 'devalúa el procedimiento como esquema de elección'. Tomás no ve solución a ese problema de raíz, puesto que 'incrementar un porcentaje relativo a un colectivo supone restarle a otro', al margen de que 'haya que reflexionar y trabajar' para lograr una mayor implicación del alumnado, el estamento más distanciado del proceso.

Toni Vinyas, representante del STEPV, considera que las consecuencias buscadas por los ponentes de la LOU al primar el colectivo de PFD se percibirán más en el futuro: 'Esta universidad es de mayoría progresista y se nota menos, pero este segmento del profesorado es, en general, el más estable y conservador y, en otras universidades dará probablemente su apoyo a un eventual candidato de derechas'. Álvaro Pons augura que 'en algunas universidades se optará por reducir el porcentaje del PAS y estudiantes', para incrementar el peso del profesorado no funcionario doctor, que en el anterior sistema de elección a través del Claustro votaba junto al PFD. Distintas fuentes apuntan el riesgo de que la baja participación estudiantil lleve a hacer extrapolaciones del tipo: 'si participan tan poco, aún les sobra porcentaje de representación'.

Francisco Tomás considera necesario plantearse 'ajustes' de la normativa electoral, 'para regular todo aquello que pueda ser causa de conflicto'. Entre los temas a considerar, están la inexistencia de una jornada de reflexión y el sistema de voto anticipado, que antes no planteaba problemas, al ser una votación en el claustro entre 400 votantes. Josep Lluís Barona señala aspectos técnicos como la posibilidad de ampliar la campaña electoral y una mejor regulación del voto delegado, que 'puede dar lugar a irregularidades'. Tomás recuerda que sigue en el aire el problema de la financiación. ¿Hay o no que regularlo? 'Si no se introduce este tipo de cautela, puede llegar un señor con X millones y presentarse a rector, porque la LOU no lo prevé'. Barona, por su parte, sugiere la regulación 'del impedimento, de cara al futuro, del desembarco de los partidos políticos en las campañas'. El presidente de la Junta Electoral, Josep Guía, resume ambas cuestiones en el 'riesgo de desbordamiento electoralista extraño a la institución académica', que incluye la posibilidad de patrocinios externos, pero apela para evitarlo al 'espíritu universitario', de forma que 'quien se sobrepase sea castigado por el electorado'. Guía, no obstante, reconoce que esa apelación a ese 'espíritu' puede ser eficaz en una tradición como la de la Universidad de Valencia, pero no necesariamente en todas.

Finalmente, desde distintas fuentes se advierte que han quedado en evidencia los centros, e incluso servicios, que han votado a uno u otro candidato. Este hecho puede suscitar interpretaciones futuras de las acciones de gobierno y de la gestión en clave de premios y represalias. Cómo evitar este riesgo es un asunto más sobre el que reflexionar en relación con las elecciones de la Universidad de Valencia, un ensayo general no buscado de la LOU.

Las razones de un colectivo abstinente

Era la primera vez que todos los estudiantes podían votar directamente a su rector, pero aun así, no les ha motivado. 'El sufragio universal ponderado', la coartada democrática de la nueva ley, 'ha demostrado que es una cáscara vacía', denuncia Eduard Ramírez, el último estudiante vicerrector de la Universidad de Valencia. La 'brevedad' de la campaña electoral, con una duración de 15 días, junto con la falta de medios para llegar a los estudiantes y la dispersión geográfica de la Universidad de Valencia, son para todos los consultados, las principales causas del bajó índice del colectivo. A ningún representante estudiantil ha sorprendido tan menguado porcentaje. 'Hubiera convenido enviar e-mails a todos los universitarios, informándoles de las elecciones, como se ha hecho con el PDI y el PAS, pero técnicamente la universidad no está preparada, aunque 25.000 de sus alumnos disponen de cuenta de correo'. Joan Enric Úbeda, miembro de Campus Jove, una plataforma que aglutina estudiantes de la izquierda, acertó en sus cálculos: 'Sabía que no llegaríamos al 14%. Un rector es alguien muy lejano al estudiante, quien prefería votar a un compañero para que lo representara en el Claustro'. Espontáneamente, este grupo, junto con la Coordinadora de Asociaciones Independientes (CAI) y València Universitària incrementaron la campaña institucional repartiendo trípticos informativos en el campus de Tarongers. Úbeda también critica que los colegios electorales se cerraran dos horas antes de anteriores procesos. Desde el grupo mayoritario, el Bloc d'Estudiants Agermanats (BEA), Kepa García, además de criticar la 'ponderación' del voto, subraya que 'algunos profesores ni siquiera dejaban interrumpir las clases para llegar a los estudiantes. Lo cual es más que reprochable, porque la universidad carece de los medios masivos para dirigirnos a los votantes, como la televisión, por ejemplo'. La portavoz de la Coordinadora de Asociaciones, Julia Guillén, considera igualmente que 'la campaña institucional ha sido un fracaso'. En cambio, asegura que 'la campaña electoral de los dos candidatos estaba clara, pero hay que contar con la falta de educación en los estudiantes sobre cómo y para qué votar'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 4 de marzo de 2002

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