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Entrevista:AMPARO LLANOS | Guitarrista y compositora de Dover

'Los independientes siguen haciendo la música que les gusta'

Siempre en la carretera. Ése es el espíritu del rock. Y dicen los críticos que una de las mejores bandas de rock que han nacido de España lleva el nombre de una localidad inglesa, Dover. La canción Serenade de este grupo que comenzó a principios de los años noventa se incluye dentro de la séptima entrega de la colección Un País de Música 2. En la carretera, camino de Hamburgo -el grupo hace una minigira por Alemania de ocho conciertos-, Amparo Llanos ofrece esta entrevista, mientras su hermana Cristina duerme al fondo de la furgoneta.

Cristina Llanos, de 26 años, guitarra y voz; Amparo Llanos, de 36 años, guitarras; Jesús Antúnez, de 29 años, batería, y Álvaro Díez, de 29 años, bajo, forman esta banda que eligió su nombre por una marca de ropa para señoras que se vende en la tienda que la madre de las hermanas Llanos -que lideran el grupo- tiene en Majadahonda (Madrid). Desde su primer elepé, Sister, aparecido en 1995, hasta su último trabajo, I was dead seven weeks in the city of angels, aparecido en septiembre del año pasado, este grupo ha sorprendido tanto por la libertad de su propuesta como por unos directos absolutamente potentes. Su participación en el Festimad de 1998 como cabeza de cartel les confirmó como una de las formaciones más potentes del panorama musical español.

Nacidos mirando al espíritu de Seattle, la cuna estadounidense del grunge, Dover fue uno de los ejemplos españoles de lo que se llamó la movida indie, grupos independientes que fichaban por pequeños sellos discográficos y hacían la música que realmente querían hacer. Fueron las estrellas del sello Subterfuge, una de las discográficas independientes más prestigiosas de España; desde hace un par de años su compañía es la multinacional EMI, algo que, dicen, no les ha cambiado en absoluto.

Pregunta. Desde el podio de los mejores grupos de principios de los noventa en España, ¿cómo se observan esos primeros años?

Respuesta. Aquél fue un momento muy bueno. En los primeros noventa había un montón de grupos emergentes que no conocía nadie y que luchaban por abrirse a las vías comerciales que todavía ocupaban los últimos coletazos de los grupos de los ochenta. Nosotros nos paseábamos por todos los festivales, radios pequeñas, compañías independientes y revistas nuevas que iban surgiendo al tiempo que los nuevos grupos. Fue una época muy emocionante, hasta que notamos que llegaba el momento del relevo con grupos como Australian Blonde o los Planetas.

P. ¿Cómo ha cambiado la escena independiente española desde 1992, año en el que Dover se funda, hasta ahora?

R. Las referencias siguen siendo las mismas. Por ejemplo, éramos unos grupos que no teníamos ningún problema por cantar en inglés; es más, lo veíamos y vemos como algo natural teniendo en cuenta cuáles han sido nuestras influencias musicales. Creo que la forma de funcionar de los grupos no ha cambiado en lo esencial. Los independientes siguen haciendo la música que les gusta sin tener en cuenta lo que le pueda gustar o no a un ejecutivo. La mayor diferencia creo que está en que ahora para las bandas es mucho más difícil llegar a romper, tener mucho público.

P. O sea, que el mercado está copado.

R. La cosa es que cuando las bandas de los primeros noventa explotamos éramos muy pocas, sorprendimos a compañías, medios de comunicación y parte de la industria. Entonces hubo como una locura por fichar a grupos que hacen cosas nuevas. Pero ha pasado el tiempo y ahora eso no es así. Vivimos un momento malo en el que las compañías quieren tener el control. No sé muy bien cómo ni por qué ha ocurrido, pero este momento es un poco confuso.

P. ¿Y cómo le ha sentado a uno de los cabecillas de la independencia fichar por una multinacional como EMI?

R. Considero que en lo esencial no ha habido un gran cambio. Si antes de fichar eres un grupo que vende discos, la multinacional te va a dejar en paz. Nosotros conseguimos un buen contrato, no sólo financiero, sino también creativo. Tenemos manos libres para hacer prácticamente lo que queramos, pero con la ventaja de que el presupuesto es más alto. Y la compañía nos trata muy bien.

P. Además el grupo posee su propio sello para lanzar a nuevas promesas por medio de EMI.

R. Eso fue algo que, por ejemplo, nos ofrecieron ellos. No lo pedimos. A mí me parecía que era una cosa que nos iba a dar muchísimo trabajo, y yo ya tengo bastante con Dover. Pero los demás pensaron que podía ser una gran idea. Llevamos lanzadas más de cinco bandas, como Sperm.

P. ¿Qué le debe Dover a Seattle?

R. Nosotros muchísimo, pero no sólo en cuestiones musicales, en influencias del grunge, de grupos como Nirvana... Ha sido más bien una cuestión de actitud. Fue la demostración de que se podía hacer punk-rock más salvaje y con melodías bonitas. Fue como una liberación. Éramos todo lo contrario al glam de Los Ángeles, por ejemplo, todo eso del estrellato. Esto nos lo han echado en cara muchas veces. Nos han dicho que no tenemos glamour, y yo creo que subir a un escenario sin ir llena de plumas ni pintada como una mona y dando el espectáculo tiene todo el glamour del mundo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de marzo de 2002