Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
EL GRAN ÉXITO TELEVISIVO

Rosa, Bisbal y Bustamante ganan la final de 'Operación Triunfo'

El joven cántabro se impone por escaso margen a la favorita Chenoa y se convierte en la sorpresa de la gala de TVE

Pasaban 12 minutos de la media noche cuando Carlos Lozano y la cantante Rosana comenzaron a leer el veredicto del concurso Operación Triunfo. Los ganadores de las tres carreras discográficas fueron: la granadina Rosa (26,6 %), el almeriense David Bisbal (20,9%) y el más inesperado, el cántabro David Bustamante (18,8%).

Chenoa (17,6%) perdió en una noche lo que se había ganado a pulso durante cuatro meses. Su aparente dureza, propia del cantante de tangos que se refugia en el desencanto para que no le hieran más de lo que es capaz de resistir, no pudo competir con la popularidad de Bustamante, que también desbancó a Manu (14,7%). En su despedida, Chenoa estuvo más alegre de lo habitual y le mandó un petó relleno de cabello de ángel a su gente antes de enfrentarse a El hombre del piano, una canción que Ana Belén nos hizo aburrir pero con la que la argentino-balear consiguió conectar con el público. Su coherencia mereció mejor suerte y, aunque tuvo buen perder, me habría gustado verla cantar unos desgarrados compases de Cambalache y, en plan Susana Rinaldi, entonar un "qué falta de respeto, qué atropello a la razón", dedicado a un veredicto hijo de la telecracia y la demovisión que acato pero no comparto y que quedó suavizado por la confirmación de un contrato discográfico (igual que a Manu y Verónica).

Rosana, que acudió a la gala como invitada junto a Miguel Bosé (Alejandro Sanz envió un mensaje desde Miami), tuvo que abrazar a David Bisbal para tranquilizarlo. Y es que el almeriense estaba nervioso y en los primeros compases de Solo otra vez parecía el cantante del anuncio de Páginas Amarillas que ilustró los cortes publicitarios. Pero Bisbal es como esos velocistas que baten récords en los últimos metros de carrera. Hizo una pésima salida pero, a medida que se iba acercando a la meta, fue mejorando y explotando sus mejores virtudes: la fuerza y energía con la que abrazó a sus padres (escena que repitieron todos los ganadores).

Detallazo

Mientras Manu cantaba Aquellas pequeñas cosas, en España no se oía nada más que el sonido de su voz. El sevillano mostró maneras de artista consagrado, dedicó la canción a Nina, saludó a sus paisanos y valoró el trabajo de su acompañante, un detallazo impropio de un debutante.

De haber sido torera, Rosa habría salido por la puerta grande con un capazo lleno de orejas y rabos. Durante la interpretación de Unchained melody, supo reconducir cada uno de sus excesos a su favor y, como escribió ayer el maestro Fancelli en estas mismas páginas, puso "su técnica al servicio de una expresividad completa", virtudes de ganadora de una gala plagada de publicidad, mercadotecnia varia y reparto de premios y anticipos.

Vestida de rojo, Verónica explotó su dominio del escenario para disimular sus carencias. Le dieron un hueso duro de roer perteneciente a la banda sonora de la película Moulin Rouge, que le sirvió para soportar con gran dignidad su condición de finalista menos votada (1,4%) mientras defendía su última oportunidad. Me imaginé a Nina mordiéndose las uñas, con esa emoción que suelen sentir los profesores hacia los alumnos que más difícil lo tienen. Nina, sin embargo, salió al escenario acompañada por los 27 profesores, algunos de los cuales interpretaron No dejes de soñar, un tema espectacular y empalagoso que, en algunos momentos, podría haberse titulado perfectamente No dejes de tener pesadillas.

Desinhibido y lanzado, David Bustamante no tenía nada que perder y, quizás por eso, disfrutó del momento sin preocuparse demasiado de afinar, lo cual explicaría el título de la canción que interpretó: Perdóname. Por lo visto, el público le perdonó y quiso que su victoria fuera el mejor homenaje a los tiempos en los que su padre se mataba a trabajar mientras soñaba con llegar alguna vez a ser un clónico de Camilo Sesto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de febrero de 2002