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COYUNTURA NACIONAL
Columna
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¿Saliendo de la recesión?

Permítanme que hoy abandone temporalmente la coyuntura española para comentar las cifras de la contabilidad nacional de EE UU conocidas el pasado miércoles, referidas al cuarto trimestre del pasado año. Al fin y al cabo, estos datos nos afectan muy directamente en cuanto marcan el rumbo de la economía mundial.

Contra todo pronóstico, pues se esperaba una caída de entre el 1% y el 1,5%, el PIB aumentó un 0,2%, en tasa trimestral anualizada (no confundir con la tasa interanual, que es la comúnmente utilizada en Europa). Esta cifra ha sido saludada con alborozo por parte de muchos analistas, especialmente de los mercados financieros, como la evidencia de que la recesión norteamericana ya tocó fondo, de que la recuperación ha empezado mucho antes de lo que algunos agoreros predecían y de que el camino parece estar despejado para seguir haciendo los jugosos beneficios de los años de expansión anteriores. No quisiera ser un aguafiestas, pero si se analizan los datos con un poquito más de detalle (sólo un poquito, no sea que provoquemos un calentón en nuestro cerebro), las conclusiones anteriores parecen precipitadas.

En vez de corregir sus desequilibrios, la economía norteamericana sigue agrandándolos

¿Por qué ha crecido la economía norteamericana justo en uno de los momentos más complicados y dolorosos de la historia de ese país? Pues porque los fabricantes y distribuidores de bienes y servicios, al ver la fuerte contracción del consumo que se avecinaba tras el 11-S y sus estanterías y depósitos llenos de productos, desempolvaron las mejores prácticas de marketing y a base de ofertas y rebajas lograron convencer a los americanos de que era el mejor momento para comprar. El consumo privado creció en octubre a una tasa anualizada del 31,2% y, aunque descendió algo en noviembre y diciembre, ello fue suficiente para que en el conjunto del trimestre aumentara un 5,4%, tasa similar a la de los mejores tiempos. Pero al mismo tiempo, la renta disponible de las familias disminuyó. El resultado fue una caída de su tasa de ahorro hasta el 0,5% de la renta disponible, casi un mínimo histórico, lo que quiere decir que, para financiar los demás gastos (compra de viviendas y otras inversiones reales y financieras), las familias tuvieron que seguir endeudándose, como han hecho hasta ahora y por cantidades también históricas. ¿Alguien puede ver algo de sólido en esta situación? Tarde o temprano las familias tendrán que recomponer sus desequilibradas finanzas y ello provocará un frenazo del gasto de las mismas.

Otro de los pilares del crecimiento del PIB fue el gasto del sector público, que aumentó por encima del 9%. También esto es temporal y no sostenible en el tiempo a este ritmo, aunque sin duda va a seguir jugando un papel importante en éste y los próximos años. En cambio, la variable cuya evolución suele liderar los cambios cíclicos, la inversión de las empresas, siguió cayendo aceleradamente. También lo hicieron las exportaciones netas, provocando un nuevo aumento del ya enorme déficit comercial.

En resumen, en vez de corregir sus graves desequilibrios, como paso previo a una recuperación sólida, la economía norteamericana continúa agrandándolos. Así no hay recuperación que valga.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros Confederadas para la Investigación Económica y Social (FUNCAS).

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