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Unos 300 vecinos de Cuatro Vientos cortan la N-V durante una hora

Unos 300 vecinos de las colonias militares de Dehesa del Príncipe y de Cuatro Vientos (Latina) cortaron ayer durante más de una hora los carriles de salida de la carretera de Extremadura (N-V) para protestar por el supuesto cierre de la salida de la futura estación de metro que dará servicio a este barrio. La manifestación, que surgió de forma espontánea y sin convocatoria previa, creó un gran atasco de tráfico que se dejó sentir hasta la Gran Vía y el puente de los Franceses, según informaron fuentes de la Dirección General de Tráfico.

Los vecinos de ambas colonias se despertaron ayer con las máquinas excavadoras que estaban vertiendo arena a la boca de metro que comunicará la futura estación de Cuatro Vientos de la línea 10 con la zona de las viviendas. El temor de los habitantes era que les clausuraran este enlace directo, por lo que corrió la alarma por el barrio.

Alrededor de las tres de la tarde, unos 300 vecinos decidieron cortar la carretera de Extremadura, en plena hora punta, coincidiendo con el inicio del fin de semana. Los manifestantes cortaron los tres carriles y utilizaron señalización de las obras para hacer de parapeto, ante el enfado de los conductores que se quedaron atrapados. Algunos utilizaron sus teléfonos móviles para avisar a la policía, que desplazó hasta el lugar varios motoristas. 'De aquí nadie nos mueve hasta que venga alguien de la Comunidad de Madrid y nos garantice que el túnel de acceso a la estación se mantendrá abierto. A ver si estamos pagando nuestros impuestos y ahora van los listos de la Comunidad y nos quitan lo único que íbamos a tener bueno', se quejaba una vecina. Entre los congregados también había niños y jóvenes. Algunos de éstos no dudaron en sentarse en medio de los carriles. Otros, mientras, pedían a los vecinos que les miraban desde sus casas que se unieran a la protesta.

'Antidisturbios'

Los manifestantes se negaban a deponer su actitud, lo que obligó a desplazar seis unidades de intervención policial, más conocidos por antidisturbios. Los congregados continuaron con la protesta, a pesar de las peticiones de los policías de que despejaran la calzada. Los agentes se colocaron los cascos y comenzaron a empujar a los manifestantes. 'Ni se le ocurra ponerme la mano encima y mucho menos empujarme, porque sino, la tenemos', amenazaron algunos manifestantes a los agentes. Pero, de poco les sirvió, ya que los antidisturbios lograron abrir de nuevo la vía al tráfico en unos minutos.

El atasco llegó hasta las calles de la capital, lo que supuso más de nueve kilómetros de retenciones. Los carriles de entrada a Madrid también sufrieron tráfico denso debido a la curiosidad de los conductores que se pararon a ver lo que ocurría en el otro sentido. Los vecinos amenazaron con repetir la manifestación si la Comunidad no les garantiza que mantendrá el paso subterráneo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de enero de 2002