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EL XIV CONGRESO DEL PP

Partido Posmoderno

A la hora de analizar el Congreso del PP que se está desarrollando este fin de semana podemos examinar hasta cuatro aspectos que son, a un tiempo, síntomas de fortaleza aparente y de fragilidad posible.

1. El PP, alejado del pactismo de otro tiempo y con el suplemento de que Pujol depende de él, gobierna peor con mayoría absoluta. Esta situación, aun grata, resulta peligrosa para todos, incluso para él mismo. Ha conseguido la aprobación de una ley de Extranjería, pero hubiera sido mejor consensuada. El Pacto Antiterrorista ni siquiera fue iniciativa suya pero ahora lo administra incluso permitiéndose determinar la oportunidad de convocarlo. El de Justicia está en peligro y con ello se ha alejado cualquier posibilidad de regeneración democrática: el PP hace hoy lo mismo que en el pasado achacaba, con razón, al PSOE. Una ley universitaria ha sido impuesta contra viento y marea y su bondad absoluta se proclama contra toda evidencia pero con rotundidad. Pero con ella le puede suceder al PP lo que le pasó a Thatcher con la poll tax, aquella disposición fiscal municipal que la liquidó como dirigente política. No pactar, aun sin necesitarlo, siempre es malo.

2. El bagaje de las ponencias del nuevo Congreso ofrece algún punto de interés que no ha sido recalcado por los analistas: tiene razón el PP en proponer una segunda descentralización que otorgue a los ayuntamientos mayor capacidad económica. En cuanto al resto de las ponencias, no pasa de lugares comunes. El españolismo disfrazado de patriotismo constitucional, por más que haya sido edulcorado en últimas declaraciones, es una eficaz máquina de captar voto transversal pero también engendra problemas a medio plazo no sólo por la dificultad para pactar sino porque a partir de un determinado momento engendrará cansancio y conflictividad gratuitas. Difícilmente puede solucionar por completo los problemas de organización territorial del Estado.

3. El problema sucesorio apasiona pero, por más que parezca encauzado a corto plazo, ofrece graves interrogantes para el futuro. En una encuesta reciente de la SER se indicaba que los españoles, incluidos los afines al PP, comparten la idea de que Aznar no debe presentarse por tercera vez y han asumido que no lo hará. Pero una clara mayoría desea que la cuestión se aclare con la máxima rapidez. No se sabe cuál puede ser el heredero, entre otros motivos porque los mejor puntuados (Rato y Mayor) tienen en su contra sucesos recientes (Gescartera y elecciones vascas). No hay peligro en el corto tiempo, pero para Aznar la elección entre un fiel con apoyo en las encuestas y un fidelísimo inventado a última hora ofrece problemas graves. El primero podría ganar y mantener la unidad; es más improbable que lo haga el segundo, pero esa opción constituye toda una tentación.

4. Aun así, el interrogante más grave sobre el PP se refiere a su condición de partido posmoderno. En 1996 acuñó esta noción Klaus von Beyme y otros (Pannebianco) la han confirmado con distinta denominación ('partido profesional-electoral'). Con el paso del tiempo los partidos de masas con aspiración a conquistar todo el electorado no sólo adelgazan al mínimo su ideología sino que también convierten su ley oligárquica de bronce en puro clientelismo personal y se profesionalizan tan pronto que excluyen cualquier calificación meritocrática de los dirigentes. Leyendo en estos días los reportajes sobre los jóvenes alevines del PP -incluido el aspirante a yerno del presidente- y ante la incorporación de quien no sabemos otra cosa que el nombre y el apellido (Adolfo Suárez Jr.), asombra y asusta que el destino de una sociedad moderna pueda estar en manos de tales inexistentes biografías. Pero, además, ese tipo de partidos, si resultan funcionales, son también volátiles, un peligro que no se puede descartar.

Nunca en España durante una situación democrática un partido ha tenido el grado de confort político que tiene hoy el PP. Pero hay también fragilidades. En España las elecciones no se ganan, se pierden y eso también puede suceder. Depende, claro está, de la alternativa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de enero de 2002