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VISTO / OÍDO

El izquierdoso

Hacía tiempo que no leía la palabra 'izquierdoso', y la encontré repetida el martes en un artículo de Mikel Azurmendi (este periódico), con su carga peyorativa. En este caso el sufijo -oso tiene cargas horribles del viejo tiempo. Se decía del que se sospechaba que era de izquierdas pero no podía decirlo porque le iba en ello una pérdida considerable: de la forma en que trataba el infeliz de mantener algunas opiniones deducía el poder derechista que era 'izquierdoso'. Azurmendi lo emplea así: 'Un hechizo izquierdoso que está haciendo mucho daño en las relaciones sociales....'; 'El discurso izquierdoso confunde, además, causa y efecto...'. Cobra otra carga negativa: el izquierdista, la izquierda decente, son justos en las apreciaciones. El maligno es el 'izquierdoso' que defiende a los inmigrantes y acusa a sus explotadores de esclavistas.

Me inquieta, sobre todo, que se vuelva a usar el término, como si hubiera que volver a los disimulos, el miedo, la inseguridad. Mal asunto. En Estados Unidos se habla de caza de brujas, y se inaugura una exposición dedicada a McCarthy, el senador fascista que tanto destruyó: ya no le ven tan mal. Hay, sin embargo, modalidades. Con la molestia de 'izquierdoso' todavía en la mente, veo por la noche, y repetido ayer, el asalto a culatazos de fusil a unos inmigrantes sentados para protestar por no tener derechos humanos. Sentados, indefensos, inmóviles. Será su merecido, no lo sé. En el mismo informativo, veo un ministro, Acebes, que me parece que es de Justicia, que niega los malos tratos a los afganos en Guantánamo, y se refiere a un comunicado tranquilizador de la Cruz Roja donde se dice otra frase también meritoria: una vez en el lugar, las cosas se ven de distinta manera. O sea: no es para tanto.

No es tampoco despreciable la frase de Rumsfeld, ministro de Defensa de Estados Unidos (en él ven muchos americanos al nuevo McCarthy): el clima de Guantánamo es muy caluroso y a los afganos les conviene estar ventilados. Por eso las jaulas. A continuación se los ve encadenados de manos y pies, arrastrados, encapuchados: de una forma que quizá un izquierdoso confundiría con el maltrato. Por eso digo que hay modalidades: antes, lo que el izquierdoso insinuaba, o dejaba caer, pero su información no se veía ni se comprobaba. Ahora, sí: se dicen unas cosas, y se ven libremente otras (¿todas?) que parecen contrarias. Pero ¿lo son? ¿Son los inmigrantes apaleados y los afganos animalizados merecedores de eso? ¿Y nosotros por izquierdosos?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de enero de 2002