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Reportaje:

Miedo escénico

Naím, eliminado en una gala de 'Operación Triunfo' dominada por la pérdida de espontaneidad

No hubo sorpresa: cayó Naím. Lo hizo con dignidad, lidiando con otra de las canciones difíciles (Dance little sister en este caso) que le han ido tocando a lo largo del concurso, con un bis junto a Bisbal y soportando la bromita cutre del coche de regalo destruido. No tiene el carisma de otros, pero no olvidemos que, junto a Juan, ha sido el alma de Mi música es tu voz, la canción que tanto éxito les ha dado a todos y que tan mal recibida fue por algunos de sus colegas. Bustamente se salvó y admitió que no tenía "ni puta idea" de música, lo cual confirma que triunfar en este mundo no está reñido con arrastrar grandes dosis de analfabetismo melódico. Ésta es, de hecho, la gracia del invento. El ex albañil salió a la pasarela con pose de pistolero y, arropado por un público intervencionista, consiguió disfrutar a base de dominar sus prontos, aunque no los agudos de Amantes de ocasión, un tema diseñado para amenizar largas tardes de autos de choque.

Rosa sacó adelante I have nothing, una versión de Whitney Houston que contó con las interrupciones de un público que, por compulsivo, recuerda al de Menudas estrellas. Fue su peor noche, pero me temo que da lo mismo y que, pese a sus errores y al amago de nominación, su proeza dietética y su chorro de voz la siguen convirtiendo en candidata a la victoria. Las galas han ganado en espectacularidad y perdido en espontaneidad. Ahora asoma ese miedo escénico que tanto perjudica a los futbolistas en las finales. Agarrotados por la responsabilidad, algunos chicos no consiguen sacar lo mejor de sí mismos y se ven secuestrados por sus propios personajes. Hay excepciones, claro. A saber: el sinuoso Bisbal (favorito again) y la radiante Chenoa, que despacharon con Escondidos un dúo adosado a una coreografía que aspiraba a ser momento sensual y que se quedó en gélido trámite. Verónica, en cambio, no pudo superar sus problemas, quizás por culpa de una canción-trampa (Regresa a mí) que la puso en evidencia, mientras que Nuria (No me importa nada) se salvó gracias a los errores ajenos y no a los propios aciertos. Manu y Gisela fueron lo mejor de la noche. "A la Tabares se le va a caer la baba", le dijo Ángel a Manu, consciente del papel que Pilar y su gesticulación desempeñan en un jurado al que sólo le queda una semana (luego las votaciones del público decidirán). Manu estuvo convincente, aunque rebozó con potencia Te extraño, un bolero que requeriría algo más de pathos. Gisela, pese a la decisión del jurado, acusó el sobreesfuerzo Disney de esta semana y administró sus recursos con inteligencia y generosidad al interpretar Don't leave me this way. Es, por ahora, la más constante, aunque no responda al perfil de espectacularidad que algunos parecen andar buscando. Hubo emoción -y las ya clásicas escenas de lágrimas-, sí, aunque no tanta como otras veces, ya que, al final, todo acabó más o menos como casi todos los muchos seguidores del concurso pensaban que acabaría: con Verónica como candidata condenada y Gisela asumiendo con extraordinaria deportividad un papel que no le corresponde. Que le quiten lo bailao, sin embargo: siempre podrá decir que estuvo con Mick Jagger en la Costa Azul.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de enero de 2002