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GEOFÍSICA | Limnología

Un estudio aclara la circulación del agua en el lago de Bañolas

El lago de Bañolas, situado en la base del pre-Pirineo catalán, continúa manteniéndose geológicamente activo. Lo prueban no sólo el continuado aporte de aguas subterráneas, responsable en buena medida de los colapsos periódicos en el fondo del lago, sino también el descubrimiento reciente de plumas hidrotérmicas que afectan de forma clara a la distribución de sedimentos, así como a las temperaturas y a las poblaciones de peces. La investigación, liderada por Jordi Colomer, de la Universidad de Girona, se ha publicado en la revista Limnology and Oceanography.

'Estamos redescubriendo el estanque', dice Colomer tras repasar mentalmente las aportaciones recientes de diferentes grupos de investigación, el suyo entre ellos, a la caracterización de este pequeño lago de origen cárstico. El uso de nuevas técnicas de análisis, asegura, está permitiendo ver con 'nuevos ojos' una masa de agua confinada entre rocas que, lejos de permanecer estática, mantiene un dinamismo considerable.

La última aportación deriva del estudio de la distribución de sedimentos en el fondo y del papel que juegan en ella las aportaciones de aguas subterráneas que, de forma constante, renuevan el volumen del estanque. Gracias a ello, los investigadores han logrado dar con una pluma hidrotérmica, un fenómeno físico habitual cuando coinciden masas de elementos a distinta temperatura pero que nadie hasta la fecha había logrado observar en Bañolas.

Una pluma hidrotérmica podría definirse como un fenómeno de convección caracterizado por la entrada en un sistema de aguas a una temperatura superior a las ya existentes. Debido al gradiente de temperatura, las aguas más calientes tienden a subir desplazando a las más frías, del mismo modo que en una habitación cerrada el aire caliente acaba situándose por encima del frío. En el caso de Bañolas, señala el experto, las aguas subterráneas entran a una temperatura constante cercana a los 19 grados centígrados, muy superior a la existente en las capas de agua intermedias. Por este motivo, añade, se forma una columna o chimenea de agua que asciende siguiendo simples leyes físicas de diferencia de temperatura y, por tanto, de densidad.

Pero hay un límite. 'En verano las aguas superficiales superan los 20 grados', explica Colomer. En esas circunstancias el agua subterránea no puede alcanzar la superficie, 'se encuentra con una barrera' que obliga a un desplazamiento horizontal por debajo de las capas más superficiales.

El análisis de la distribución de sedimentos y de temperaturas ha permitido dar a los investigadores con una segunda pluma hidrotérmica de carácter estacional que sólo se manifiesta al poco tiempo de haber caído lluvias torrenciales en la zona de recarga del acuífero, situada a unos 15 kilómetros de distancia en línea recta. En el litoral catalán, ello implica lluvias de Levante en las que pueden acumularse por encima de los 300 litros de agua por metro cuadrado en un solo día. En esas condiciones se 'destapa' el fondo de una de las cubetas del lago provocando la aparición de la segunda pluma hidrotérmica. Trabajos posteriores con ecosonda han permitido detectar cambios sustanciales en las poblaciones de peces cercanas, de modo que cuando la pluma irrumpe los peces tienden a desplazarse, no tanto por la diferencia de temperatura como por la presencia de micropartículas en suspensión.

La investigación, especula Colomer, podría ayudar a entender el origen del lago. Probablemente se formó como consecuencia de la emanación de aguas subterráneas que quedaron confinadas. Con el tiempo, y por procesos geofísicos de erosión, se formarían estanques que se irían interconectando hasta definir el contorno actual. Dados los colapsos periódicos en el fondo del lago, debidos precisamente a hundimientos provocados por la fuentes subterráneas, debería ir extendiéndose en el futuro anegando zonas colindantes. La canalización para riego de parte de las aguas del lago, junto con los procesos de evaporación superficial, ayuda a mantener los niveles constantes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de enero de 2002