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Una lotera de origen italiano vende todo el segundo premio en Parets del Vallès

La lluvia de euros sobre Parets del Vallès, localidad de 12.000 habitantes situada a 25 kilómetros de Barcelona, llegó de Padua, ciudad del norte de Italia, quien sabe si como contribución europea al primer sorteo en euros de la Lotería Nacional. La administración regentada por Graziella Morelli, nacida en Padua hace 57 años, repartió íntegramente los 28,8 millones de euros (casi 4.800 millones de pesetas) del segundo premio en esta localidad industrial en la que nació el alcalde de Barcelona, el socialista Joan Clos, y lo hizo de forma muy repartida: a través de 400 décimos del número 49.498.

Morelli, que vive en Parets desde que se casó, hace 35 años, estaba tan emocionada ayer que no era capaz de decir si había vendido todos los números, aunque estaba convencida de que sí. Una parte de los décimos -correspondientes a seis millones de euros (1.000 millones de pesetas)- los vendió a través del bar Sagitario, que suele estar cerrado en domingo, pero que ayer abrió para celebrar el premio con cuanta gente se acercó al establecimiento.

El cava empezó a correr también rápidamente en Loterías Graziella, situado en un barrio trabajador de la localidad -Can Berenguer, en el Eixample-, adonde llegaron decenas de clientes mostrando sus décimos premiados. Todos querían abrazarse a Graziella, una persona muy conocida en el barrio, quien repartía sonrisas sin parar, aunque subrayaba que no se había guardado para ella ninguna participación. 'Los décimos que he regalado a mi familia acababan en cero, pero me siento inmensamente feliz', repetía.

La lotera llevaba 15 años persiguiendo el premio y la víspera de todos los sorteos importantes decoraba el establecimiento pensando en transmitir una buena imagen si por casualidad le tocaba algún premio importante. Ayer recibía a periodistas y clientes rodeada de un corro de amigas que le daban a cada momento un nuevo retoque de maquillaje. También había buscado la suerte en múltiples amuletos y ahora está convencida de haberlo encontrado en un muñeco indio que una amiga, Anna, le trajo el pasado verano de Los Ángeles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de enero de 2002