Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Exilio e identidad

El 2 de julio de 1940, un torpedo alemán hundió el Arandora Star en el Atlántico Norte, delante de la costa irlandesa, con unos 1.700 refugiados de los regímenes fascistas alemán e italiano a bordo que el Gobierno inglés pretendía deportar a Canadá. Perecieron la mitad de los pasajeros que se creyeron a salvo en suelo inglés, si bien al estallar la guerra habían sido recluidos en campos de internamiento, ya que con la histeria bélica cualquier súbdito del Reich, fuera judío o simpatizante de los nazis, era considerado un enemigo potencial.

Son hechos históricos poco conocidos los que recoge Norbert Gstrein (Mils/Tirol, 1961) en Los años ingleses, su tercera novela. Pero señalar la angustiosa realidad de los campos de internamiento no es el único móvil de este libro complejo y cautivador. Gstrein va más allá de la recreación de unos crímenes silenciados en la historia europea, más allá de la lacrimosa explotación literaria de la tragedia judía. Lo que propone en su ambicioso trabajo -emparentado temáticamente con Los emigrados, de W. G. Sebald, si bien por su escritura con la obra de Onetti- es una reflexión sobre la experiencia del exilio, de los expulsados de su lugar de origen para no volver jamás: 'Hirschfelder sólo quería tratar de aclarar 21 posibilidades de su propia vida, posibilidades truncadas brutalmente por el exilio, 21 veces la misma pregunta, qué habría pasado si hubiera podido quedarse'.

LOS AÑOS INGLESES

Norbert Gstrein Traducción de Daniel Najmías Tusquets. Barcelona, 2001 301 páginas. 2.500 pesetas

La intrincada trama de Los años ingleses, de una estructura narrativa sofisticada que deja en suspense hasta las últimas páginas la solución del enigma, contiene muchas capas significativas, plantea múltiples preguntas: ¿hasta qué punto nos conciernen hoy destinos ajenos del pasado?, ¿cómo transforman nuestras expectativas la imagen de una persona?, ¿de qué se construye una identidad? Esto al menos es lo que cuestiona insistentemente la narradora en primera persona, esta curiosa y escéptica austriaca, al investigar la biografía de Gabriel Hirschfelder, 'el icono de escritor, el gran solitario, el monolito, que según se decía, resistía en Inglaterra desde la guerra y escribía allí su obra maestra', que había emigrado a Inglaterra en 1938 y fue confinado en un campo de internamiento en 1940, donde, según confesó en su lecho de muerte, había matado a un hombre.

Hablando con las tres ex mujeres de Hirschfelder, la investigadora amateur baja al icono del pedestal -Gstrein aprovecha para una corrosiva pintura de la comedia de vanidades del mundo literario-, y descubre su respetable existencia como montaje: la ópera magna en la que trabajaba durante décadas no son más que miles de anotaciones sobre el tiempo y la marea.

La novela está llena de estas pérfidas vueltas de tuerca, aunque Gstrein las dosifica y, por lo común, opera con incisión irónica pero discretamente.

A través de los diálogos entre las mujeres, que como personajes, por cierto, no son demasiado convincentes, logra introducir varios cambios de perspectiva y pasar imperceptiblemente de lo facticio a lo ficticio. La joven narradora reconstruye así el pasado de la mano de sus interlocutoras, y recrea en su imaginación tres días clave en la vida de un supuesto gran escritor judío, otros tantos puntos culminantes de este riquísimo relato coral.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de diciembre de 2001

Más información

  • Norbert Gstrein