Entrevista:LUIS MIGUEL ROMERO VILLAFRANCA | Decano del Colegio de Abogados

'No sé si hay voluntad política de mejorar la Justicia, más allá de una operación de maquillaje'

Tiene 57 años. Es a la vez abogado, decano del Colegio de Abogados de Valencia y de la Federación de Colegios de Abogados Europeos. Vive entre Valencia y Kiev (Ucrania), porque la curiosidad le llevó en 1996 a abrir en aquella ciudad un despacho por el que pasan la mayor parte de empresas con aspiraciones de crear sociedades en aquel ex feudo ruso y algunos padres deseosos de rescatar a los que serán sus hijos de orfanatos de miseria. Entre las glorias de una larga carrera de letrado, tesoros de biblioteca y lujos decorativos, se cuelan por su despacho retratos de su familia, mujer y tres hijos. Desde hace año y medio un nuevo rostro ocupa lugares de privilegio, es Paco, su primer nieto.

'Ofrecimos diálogo en el tema de El Palmar sin necesidad de mediadores políticos'
'Hay un sustrato reaccionario que quiere aprovechar la situación actual'

Pregunta. ¿Qué se le ha perdido en Ucrania?

Respuesta. Llegó un momento en el que necesitaba crecer hacia afuera. Pensé en Bruselas, pero me parecía complicado porque hay muchos despachos. Y coincidió que cuando estaba pensándolo un cliente tuvo problemas en Ucrania, fui y descubrí un país en el que está todo por hacer y con retos jurídicos muy atractivos. Convertir las estructuras jurídicas, privadas y públicas, de un país de sistema comunista a un país de libre mercado es apasionante.

P. ¿Que ha encontrado allí?

R. Un país culturalmente interesantísimo y un escenario político, económico y social completamente distinto. Lo que en otros países es una transición de años, en Ucrania son meses. La Ucrania que conocí en 1996 no se parece a la de hoy. Era un país programado, en el que desde hacía 85 años todo el mundo sabía qué tenía que hacer. De repente, a la gente se le dice que se apañe como pueda porque nada es ya como era. Ucrania me recuerda al Puerto de Sagunto en tiempos de la cuarta planta, con naves abandonadas, cristales rotos. Desde ahí han tenido que empezar.

P. ¿La aventura de Kiev le saca la espina de haber perdido la elección a decano de los abogados de España frente a Carnicero?

R. El sistema no prima el número de colegiados. Se dio la paradoja de que tenía el apoyo del 81% de los abogados, pero no de los colegios más importantes. Sólo puedo decir que ésas son las reglas y que fue una elección limpia, y que cuando nos comprometimos a que el que perdiera invitaría a comer al otro, lo cumplí.

P. ¿Comida en El Palmar?

R. (Silencio) Me hubiera gustado, pero no pudo ser. No es buen momento para abordar el tema de El Palmar, salvo para decir que el diálogo ya lo propusimos hace años sin necesidad de mediadores políticos.

P. ¿Qué ha heredado de Cirilo Amorós?

R. Era mi bisabuelo, pero mi padre no le conoció. Dicen que era decidido, tal vez eso me venga de él. Pero otras cosas no, se alineó a posturas conservadoras con las que no me identifico.

P. ¿Es usted progresista?

R. Huyo de los encasillamientos. En ocasiones, lo más razonable es progresista. Depende de lo que hablemos. Si miramos la actualidad, el conflicto en Afganistán y la acción de EE UU, pongo el acento en la otra parte, sin que tenga la menor duda de que no existe justificación para ninguna acción terrorista.

P. ¿Qué le aporta el decanato del Colegio de Valencia?

R. Me ha permitido conocer a mucha gente, unas muy interesantes y otras muy poco, pese a su presunta importancia. Me ha confirmado que la calidad de las personas no tiene nada que ver con su rango. Hay veces que te llevas decepciones tremendas, que descubres ministros o jefes de Estado que son botarates y personas sin tarjeta de visita con una calidad increíble.

P. Algunos se sorprendieron con usted por su actuación en el tema de la sede, que aún no está claro que tras denuncias varias esté en plazo, ¿no es así?

R. La sede es difícil de construir por el solar. Es un proyecto que será muy satisfactorio. Hubo quien me acusó de defenderlo para mis intereses. Bien, pues pasaremos de tener un colegio de 1.100 metros cuadrados, de los que 400 son decanato, a uno de 5.500, de los que 200 son decanato. El plazo no se cumple porque el compromiso era hace dos años, pero para Fallas estará listo.

P. ¿Su presidencia de la Federación de Abogados de Europa es diplomática o efectiva?

R. Creo que las estructuras europeas son cada vez más firmes. Hemos tenido un papel importante en la directiva sobre el blanqueo de dinero y vamos a intervenir en su traslado a las legislaciones nacionales. Otra cosa es que en otros países les hagan más caso que aquí. Es sorprendente que adoptáramos hace poco resoluciones sobre formación y acceso a la profesión en Europa y que a mí, que estoy en Valencia, me acuse recibo el Consejo de Ministros francés y en España nadie me haya dicho nada.

P. Es difícil que la opinión pública encaje que, en el tema del blanqueo de dinero, prime el secreto profesional, ¿no le parece?

R. Es la grandeza de la abogacía. También va en contra de la opinión pública defender a un asesino. La Justicia no existe sin defensa y presunción de inocencia. Hemos dicho 'no' a utilizar la profesión para ayudar al blanqueo de dinero. Todos tenemos derechos, incluido el delincuente. Si perdemos esa sensibilidad, perdemos el Estado de Derecho.

P. ¿Amenaza al Estado de Derecho que Bush pida a Aznar extraditar a los ocho detenidos vinculados a Al Qaeda?

R. Es evidente. Estamos profundamente consternados por el azote terrorista, por el dolor de las víctimas y por el ataque a un sistema de principios que son inalterables: el derecho a la vida y a la integridad física. Esos son nuestros límites. Cuando un estado, que no puede dar ejemplo de nada, ni siquera a esos países a los que persigue, donde ha habido víctimas por bloqueo de medicinas antes de la barbarie del 11 de septiembre, considera civilizada la pena de muerte, el concepto de los derechos fundamentales está equivocado. Si el principio se quiebra con la excepcionalidad, no tienes legitimidad moral. Tenemos que castigar a los terroristas dentro del derecho. Hay un sustrato reaccionario que trata de aprovechar la situación. Ojo, nos jugamos el ser o no ser. Por eso intentamos que Europa dé luz verde al Colegio Penal Internacional que trabajaría con el Tribunal de La Haya, necesita un consenso internacional en derechos y libertades..

P. Ha hablado usted de sensibilidades, ¿dónde está en el caso de la violencia doméstica, cuando muchas penas por agresiones se quedan en simples multas?

R. El tema es de fondo. Tenemos que educar en valores fundamentales y disuadir para que esta realidad de malos tratos no se produzca. La manera de hacerlo es sancionando. Hay que extremar las medidas tanto en las penas como en el apoyo a las personas que padecen esa violencia. La mujer que pasa por ese calvario tiene que saber que no está sola en esa circunstancia. Sufrimos una plaga delictiva y tenemos que aplicar tratamiento antiplaga desde todos los ámbitos. Estamos obligados a ello.

P. ¿Es fácil trabajar en los juzgados de Valencia?

R. Es incómodo, es duro, hay tensión, un continuo marasmo, no hay serenidad. Desgraciadamente, la relación de cordialidad que había hace años se ha difuminado. A veces me alegro de tener que ir menos a un juzgado de lo que iba. También es cierto que éste es un trabajo en el que se tocan las sensibilidades. Y no podemos olvidar que tenemos un sistema muy garantista, incluso en comparación con países como Francia, y eso hace que muchos procesos se dilaten en demasía. El problema de la Justicia en España es o de medios, o de mentalidad o de voluntades, según en qué momento nos coloquemos.

P. ¿Percibe voluntad política de mejorar la situación?

R. No estoy convencido de que sea algo más allá de una operación de maquillaje. Las promesas no nos llevan a decir que haya una modificación de fondo.

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