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Crónica:Copa del Rey | FÚTBOL

Osasuna y Alavés sudan tinta para clasificarse

Barcelona
La Copa a partido único pegó ayer uno de esos petardazos que el fútbol español guarda unas cuantas semanas en su retina. Acudió el Barça a Figueres como si de un partido de rango menor se tratara y salió maltrecho del viaje. Cayó en la prórroga (1-0) ante un rival consciente de que aquella era la oportunidad de su vida. El Deportivo, en cambio, resolvió como acostumbra (1-4) en Luanco, ante un Marino que se adelantó en el marcador y que se quedó con 10 en el minuto 25. Más sufrimiento que el cuadro coruñés tuvieron el Alavés y Osasuna, que resolvieron sus compromisos en los instantes finales y por el mismo resultado, 1-2, en terreno del Compostela y la Gramanet, respectivamente.

Al límite del tiempo reglamentario, pero sin sufrimiento, con determinación incluso en algunos momentos, Osasuna resolvió su enfrentamiento copero ante el Gramanet (1-2), jugado en la Ciudad Deportiva del Espanyol, en Sant Adrià del Besós, después de negarse a disputarlo en la cancha de hierba artificial de Santa Coloma. La decisión de Lotina encrespó a la hinchada catalana, que la tomó una y otra vez con el entrenador del equipo navarro cada vez que salía del banquillo. Lotina, sin embargo, jugó bien sus bazas y Osasuna remontó el partido a tiempo.

En Santiago, cuando el partido se encaminaba hacia la prórroga, ya en el tiempo suplementario, un estrepitoso fallo de Rafa, el portero del Compostela, permitió al Alavés ahorrarse el engorroso trámite y seguir vivo en la Copa. Fue prácticamente lo único que hizo el Alavés en toda la noche: aprovechar dos regalos del rival y llevarse el partido sin derramar una gota de sudor más allá de lo necesario. El Compostela se batió con dignidad y soñó con la proeza, pero su portero lo estropeó todo en el último instante.

Un gol del equipo superior suele ser decisivo en esta clase de choques, y por eso pareció que el Alavés iba a clausurar el partido anticipadamente, cuando, mediada la primera parte, Iván Alonso aprovechó un fallo defensivo para marcar. Hasta entonces, el grupo de Mané se había limitado a alardear de su hegemonía técnica con la ley del mínimo esfuerzo, frente a un rival bien organizado, que intentaba contener en el centro del campo y salir a todo trapo cuando algún robo de balón le permitía pillar fuera de sitio a la defensa visitante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 8 de noviembre de 2001