Crónica:Raíces
Crónica
Texto informativo con interpretación

Las crónicas de los tiempos antiguos

El poeta Miguel Moreno Jara recupera 203 romances de los últimos ocho siglos en Jaén

La revista Claustro Poético, que edita la asociación del mismo nombre para la promoción e intercomunicación de los escritores jiennenses, ha rescatado en su último número un extracto del Romancero de Jaén, una de las joyas de la literatura local que recoge auténticas y fidedignas crónicas históricas, desde la época romana a los albores del siglo XX. El autor de la prolija labor recopiladora ha sido el poeta e investigador Miguel Moreno Jara, que empleó casi una década en explorar no sólo las fuentes bibliográficas de los archivos oficiales, sino las trastiendas y desvanes de numerosas caserías privadas de Jaén. No menos valiosa resultó la colaboración prestada por historiadores jiennenses o sus familiares, como Alfonso Sancho, Rafael Ortega y Sagrista, Manuel Caballero Venzalá y Tomás Moreno Bravo.

Lo que en su día no era más que la búsqueda de los 30 romances con los que el pueblo de Jaén obsequió a la reina Isabel II, en la visita que ésta realizó a la ciudad en 1862, acabó en la recopilación de 203 romances. Crónicas fronterizas, noticieras, de gesta o, simplemente, de acontecimientos históricos de Jaén y su provincia se recogen en esta obra que aguarda aún su edición por alguna institución. Historias de hidalgos, de villanos y esclavos, de mercaderes, de monumentos, de intrigas y viejas leyendas, pero siempre intentando plasmar la actualidad de la época. 'Los romances, al contrario de las leyendas, son auténticos artículos periodísticos que recogían con minuciosidad el acontecer de cada época', asegura Moreno.

La labor recopiladora del investigador no sólo ha desentrañado los romances de los poetas locales más significativos de cada época, sino también los de otros autores que tuvieron a Jaén como epicentro de sus crónicas. Esos son los casos de romances como Las mozas de Bedmar, del Marqués de Santillana; El mulato de Andújar, de Calderón de la Barca; La hija del rey moro o La batalla de Lentiscar, de José de la Vega Gutiérrez; o El cura de don Fulano, de Luis Quiñones de Benavente.

Los romances ayudan también a reconstruir la historia arquitectónica de la capital, como este párrafo extraído del titulado La casa de los rincones, que escribiera en el siglo XIV Javier del Palacio, conde de las Almenas: 'En el gran zoco arabesco de Jaén, junto a la puerta que de Martos lleva el nombre, un hombre embozado espera no muy lejos de la fuente que llaman La Magdalena'.

Tal fue la proliferación de poetas y literatos en Jaén durante el siglo XIX que el entonces gobernador civil Antonio Hurtado decidió obsequiar a la reina Isabel II, en su visita a Jaén, con una edición del Romancero de Jaén, que encargó a una comisión literaria de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, una institución cultural que aún perdura. La comisión eligió a treinta poetas, tantos como romances se editaron.

Si en el XIX el romancero de Jaén tuvo calidad literaria como para obsequiar a Isabel II, en la actualidad Moreno considera que 'sigue aún latente esa fuerza y belleza poéticas y literarias que emanan de los maravillosos romances de gesta, fronterizos, noticieros y picarescos y que tuvieron por escenario las tierras del Santo Reino'. A su juicio, el romancero no pierde su esencia con el paso del tiempo, 'ya que nació para mantener casi las mismas funciones de los cantares de gesta y poemas narrativos, es decir, alimentar el sentimiento popular, transmitir las noticias según el vehículo oral tradicional y perpetuar en la memoria cultural de los pueblos los acontecimientos trascendentales de la historia'.

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