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'Colegios de fe' y división

Las escuelas estatales británicas están obligadas a ofrecer educación religiosa en todos sus cursos, desde los 5 a los 16 años. La religión forma parte del currículum nacional, pero no se incluye en el núcleo de asignaturas básicas -lenguaje o matemáticas, entre otras- que cada estudiante debe obligatoriamente superar en los sucesivos exámenes oficiales. Por ello, los alumnos pueden quedar exentos de cursar esta materia a requisito de sus respectivos padres o personas a su cuidado.

El Gobierno no impone el temario, aunque recomienda que quede en él reflejado la composición religiosa del país, cuya población es mayoritariamente cristiana. Por ello, los estudios religiosos tienden a profundizar en el cristianismo, al tiempo que revisan la teoría y prácticas de otras creencias. Las autoridades locales educativas adaptan el temario a las características sociales de sus barrios en consulta con profesores, padres y líderes religiosos.

Los profesores

Lograr el consenso es importante para limitar las exenciones por parte de los padres. Porque aunque no se imparten asignaturas alternativas a quienes rechazan estudiar religión, las escuelas están obligadas a atender a todos los alumnos durante la jornada escolar completa. Y en una era de bajas laborales y escasez de profesorado, las exenciones pueden acarrear dificultades adicionales.

No se contemplan requisitos especiales para los profesores de religión. Como el resto de sus compañeros, deben superar estudios de magisterio y su contratación depende de las autoridades locales o de los gobernadores del centro escolar.

Entre los 25.000 colegios estatales que existen hoy en Inglaterra y Gales, tan sólo 7.000 dependen de una denominación religiosa. Son los llamados colegios de fe, asociados en su gran mayoría a la Iglesia anglicana y en menor medida a la católica. Entre las 40 escuelas públicas religiosas no cristianas, 32 son judías y el resto de otras confesiones.

En su reforma de la educación secundaria, el Gobierno acaba de proponer la extensión del número de centros públicos religiosos para reflejar la composición multicultural y multirreligiosa de Gran Bretaña. La intención del Ejecutivo de Tony Blair se enfoca a la apertura de colegios de fe en todas las zonas donde exista demanda por parte las autoridades locales y asociaciones de padres. Pero la iniciativa se presenta polémica en tanto que puede dar pie a la segregación cultural y religiosa de los niños.

La experiencia de Irlanda del Norte, donde la mayoría de los escolares están divididos en función de la religión que siguen sus padres, sirve de ejemplo a los críticos de este importante apartado de la reforma prevista.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de noviembre de 2001