Cruz Roja asegura que 500.000 afganos pueden morir de hambre este invierno

'Las rutas de montaña serán impracticables en semanas; no será posible meter comida'

'La comunidad internacional tiene un mes para evitar una gran catástrofe humanitaria en Afganistán', advierte Mohamed Mahir, de la Agencia de Ayuda para la Cooperación Técnica y el Desarrollo (ACTED), una ONG francesa con 332 voluntarios repartidos en ambos bandos afganos. Pierre-André Junod, jefe del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Gulbahar, confirma esta previsión: 'Las rutas de montaña serán impracticables en pocas semanas; no habrá posibilidad de introducir alimentos en camión'.

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La zona más afectada por la sequía y los combates de las últimas semanas cruza por el centro del país, en un arco que recorre las provincias de Herat, Gor, Bamyan y Oruzgam. El CICR calcula que más de medio millón de afganos se hallan en peligro de morir de hambre durante el invierno y alerta del riesgo de desplazamientos masivos hacia Herat y la frontera de Irán.

En la zona controlada por la Alianza del Norte, la situación parece mejor: los campesinos del valle del Panchir se afanan en la recogida del maíz. 'Sin una industria mínima, la dependencia de la agricultura es total; se trata de una economía de supervivencia', afirma Junod. 'Más de veinte años de guerras han aniquilado el sistema productivo. En el valle del Panchir, el problema de la escasez alimentaria comenzará a partir de febrero o marzo, cuando se extingan las reservas acumuladas en el otoño'.

La inexistencia de una red viaria aceptable y la propia guerra impiden el comercio o el mero trueque de productos de una zona a otra. La mayoría de la gente vive en la indigencia, sin disponer de una clase más afortunada de la que depender en la caridad. Las personas que se mueven a pie de una aldea a otra se lanzan sobre los restos de una sandía para dar cuenta de unas rodajas ya mordisqueadas. Incluso los que disponen de un empleo, como los soldados de la Alianza, mendigan sin rubor dólares a los extranjeros. En Afganistán no hay comida ni Estado.

Los lanzamientos en paracaídas, anunciados por EE UU poco antes del inicio de los bombardeos, no podrán paliar esta situación. 'No sé dónde caen todos esos alimentos, pero por aquí no hemos visto bajar ninguno del cielo', dice Kaium. No es el único que se queja en esta zona de Afganistán. Para las ONG, que trabajan sobre el terreno, este sistema -ya empleado en Bosnia-Herzegovina- no servirá para evitar la catástrofe humanitaria que se avecina, ni siquiera cuando las rutas de montaña queden selladas por las nevadas.

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Terreno hostil

Los camiones y todoterrenos tienen inmensas dificultades para moverse por las angostas carreteras de arena, atravesando cumbres de más de 4.000 metros y con enormes precipicios en los que yace chatarra de la maquinaria bélica de la URSS. Las adversidades en un clima seco se transforman en un obstáculo insalvable durante el invierno. Entre los meses de noviembre y mayo sólo es posible cruzar esos puertos a pie, a caballo o en burro.

En Afganistán hay una escasez estructural y una amenaza de hambruna a corto plazo. Esta peligrosa combinación se agrava con los bombardeos y la posible quiebra del régimen talibán sin una alternativa de poder clara. De los 20 millones de habitantes de Afganistán, más de cuatro son refugiados en Pakistán o Irán, pero otros muchos son desplazados en su país: unos por las guerras, otros por la sequía de los últimos años. Ellos son los que se hallan en peor situación, pues el acceso a las aldeas es muy complicado. ACTED ha adquirido varias excavadoras para intentar limpiar los puertos y evitar el temido bloqueo de las carreteras durante cinco o seis meses, pero nadie sabe si será suficiente.

'La gente está contenta con la presencia de tantos periodistas', dice Junod. 'Piensan que, al menos ahora, se hablará de Afganistán tras tantos años de silencio'. 'En seis años sólo he visto por aquí a los periodistas que el CICR ha invitado para mostrarles los proyectos', añade. 'Afganistán ha sido uno de los países más olvidados por Occidente'.

El CICR ha elaborado un plan de emergencia para hacer frente a una crisis de refugiados en la planicie de Shamalí, que une el final del Panchir con Kabul. 'Desde que comenzaron los bombardeos estadounidenses hace ocho días no se ha producido, como temíamos, un éxodo masivo hacia el norte; se trata de un cuentagotas de personas que escapan, pero es imposible predecir cómo van a evolucionar las cosas a corto plazo', añade Junod. 'Este plan es de baja intensidad para evitar un efecto llamada; la gente cruzaría las líneas del frente por el simple hecho de hacerse con una manta'. Esta situación se explica en los testimonios de los primeros desertores talibanes, quienes afirman que el régimen bloquea las salidas de Kabul e impide a la población abandonar la capital.

Un soldado talibán vigila el cielo en el paso fronterizo de Torkham, entre Paquistán y Afganistán.
Un soldado talibán vigila el cielo en el paso fronterizo de Torkham, entre Paquistán y Afganistán.ASSOCIATED PRESS

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 15 de octubre de 2001.

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