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Tribuna:CIEN AÑOS DE ALTOS HORNOS

Un aniversario que recordar

Hay que hacer algo. Merece la pena. Son cien años de nuestra empresa más emblemática, ya desaparecida, los que se nos vienen encima, y el aniversario nos va a coger a contrapié, si alguien no lo remedia. Impresiona ver cómo Euskadi se llena de museos temáticos -ahí está el ejemplo de Guipúzcoa, con sus museos industriales-, y nuestras comarcas de hierro en Vizcaya, en la margen industrial del Nervión y las Encartaciones (Burdiñaldea) carecen de la mínima iniciativa digna que conserve patrimonio, memoria histórica del trabajo y las empresas que nos ha forjado, para bien y para mal, como hoy somos.

El año próximo será el centenario de su fundación. Fue el 29 de abril de 1902 cuando se constituyó formalmente la empresa Altos Hornos de Vizcaya S.A., integrando a Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao, y Metalurgia y Construcciones La Vizcaya, que se habían unido el año anterior, con la Sociedad Anónima Iberia.

AHV, donde llegaron a trabajar directamente 14.000 personas, ha resultado ser para nuestras gentes como la olla de sus hornos para el hierro, una puchera, una olla podrida de componentes diversos que generan algo nuevo, en la que nos hemos cocido una parte muy significativa de los vascos, que somos hoy por ello el producto resultante de la industrialización y urbanización intensiva de nuestra tierra y gentes a lo largo del pasado siglo XX. Un siglo, en el cual, la empresa AHV de Barakaldo y Sestao, alumbró con el fuego de sus hornos y chimeneas el nacimiento de los nuevos vascos de nuestra vieja tierra.

Todavía queda en pie uno de los altos hornos de la extinta AHV. Ha sido declarado meses atrás patrimonio a proteger por el Gobierno vasco. Pero, ¡ay!, no se han adoptado las medidas necesarias para su conservación y acondicionamiento, por lo que su estado ruinoso, unido a la creciente especulación por el valor del terreno industrial en esa zona privilegiada de la ría, no augura nada bueno.

El aniversario de cien años de industrialización que configuraron paisaje y paisanaje en nuestro entorno no debe pasar desapercibido para nosotros, ni, por supuesto, para nuestros representantes institucionales y empresariales. Esos cien años de AHV está, como casi todo, plagada de contradicciones, pero es parte de nosotros mismos, y una parte que ya no existirá más. Algo deberemos hacer para recodarlo.

Por eso necesitamos en la zona algo importante que permita a las nuevas generaciones comprender el siglo XX de Vizcaya y de sus gentes. Algo que, sin un museo del hierro (minas, transporte, transformación, comercialización, gestión, trabajo...), sin recordar de forma viva a la extinta AHV, ya no será jamás posible. Pues eso, pongámosle remedio. Aún hay tiempo.Hay que hacer algo. Merece la pena. Son cien años de nuestra empresa más emblemática, ya desaparecida, los que se nos vienen encima, y el aniversario nos va a coger a contrapié, si alguien no lo remedia. Impresiona ver cómo Euskadi se llena de museos temáticos -ahí está el ejemplo de Guipúzcoa, con sus museos industriales-, y nuestras comarcas de hierro en Vizcaya, en la margen industrial del Nervión y las Encartaciones (Burdiñaldea) carecen de la mínima iniciativa digna que conserve patrimonio, memoria histórica del trabajo y las empresas que nos ha forjado, para bien y para mal, como hoy somos.

El año próximo será el centenario de su fundación. Fue el 29 de abril de 1902 cuando se constituyó formalmente la empresa Altos Hornos de Vizcaya S.A., integrando a Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao, y Metalurgia y Construcciones La Vizcaya, que se habían unido el año anterior, con la Sociedad Anónima Iberia.

AHV, donde llegaron a trabajar directamente 14.000 personas, ha resultado ser para nuestras gentes como la olla de sus hornos para el hierro, una puchera, una olla podrida de componentes diversos que generan algo nuevo, en la que nos hemos cocido una parte muy significativa de los vascos, que somos hoy por ello el producto resultante de la industrialización y urbanización intensiva de nuestra tierra y gentes a lo largo del pasado siglo XX. Un siglo, en el cual, la empresa AHV de Barakaldo y Sestao, alumbró con el fuego de sus hornos y chimeneas el nacimiento de los nuevos vascos de nuestra vieja tierra.

Todavía queda en pie uno de los altos hornos de la extinta AHV. Ha sido declarado meses atrás patrimonio a proteger por el Gobierno vasco. Pero, ¡ay!, no se han adoptado las medidas necesarias para su conservación y acondicionamiento, por lo que su estado ruinoso, unido a la creciente especulación por el valor del terreno industrial en esa zona privilegiada de la ría, no augura nada bueno.

El aniversario de cien años de industrialización que configuraron paisaje y paisanaje en nuestro entorno no debe pasar desapercibido para nosotros, ni, por supuesto, para nuestros representantes institucionales y empresariales. Esos cien años de AHV está, como casi todo, plagada de contradicciones, pero es parte de nosotros mismos, y una parte que ya no existirá más. Algo deberemos hacer para recodarlo.

Por eso necesitamos en la zona algo importante que permita a las nuevas generaciones comprender el siglo XX de Vizcaya y de sus gentes. Algo que, sin un museo del hierro (minas, transporte, transformación, comercialización, gestión, trabajo...), sin recordar de forma viva a la extinta AHV, ya no será jamás posible. Pues eso, pongámosle remedio. Aún hay tiempo.

Ignacio F. de Aguirre y Mikel Orrantia Diez, son secretario y presidente de honor del colectivo sociocultural Burdiña.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 9 de octubre de 2001