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Los beneficios de GE

Una de las múltiples consecuencias del atentado terrorista de Estados Unidos es haber provocado una alteración importante en el orden cronológico de los hechos que llegan a la opinión pública.

La autorización de la Comisión Europea de subvencionar con 152 millones de euros una inversión de 630 millones de General Electric en sus instalaciones de Cartagena, y el recurso de los responsables de la misma, en los tribunales europeos correspondientes, al veto por parte de Bruselas de su fusión con Honeywell por las consecuencias que podría tener en la competencia del mercado de la industria aeronáutica parecen ya simultáneos.

Tan simultáneos como parecen las ayudas anunciadas por parte de la multinacional americana tras las consecuencias de la catástrofe del Pentágono en Washington y las Torres Gemelas de Nueva York, y el anuncio por parte de su recién estrenado presidente, Jeffrey Immelt, del crecimiento previsto para el próximo año 'por encima de los dos dígitos'.

En su primera comparecencia ante los analistas de Wall Street tras el relevo de Jack Welch, Immelt señaló que el impacto de los atentados repercutió fundamentalmente en las filiales aseguradoras, la industria aérea y los ingresos publicitarios de la cadena de televisión NBC, a pesar de lo cual, sus actividades en sistemas de energía, médicos y la diversificación de las inversiones contribuirían a registrar un beneficio por acción este año del 11%, alcanzando los 1,41 dólares por título, suponiendo que las pérdidas como consecuencia del ataque terrorista se queden en los 0,4 dólares de mediados de la semana pasada.

El amigo coreano

Otra de las multinacionales norteamericanas por excelencia, General Motors, que compite incluso con General Electric en algunas dimensiones empresariales, ha anunciado también esta semana lo que parece ser el principio del fin de unas conversaciones iniciadas hace ya varios años. Quizá no sea casualidad que el final de esta crónica de una compra anuciada se haya acelerado tras los últimos acontecimientos internacionales que, sin duda, han afectado a la industria automovilística mundial.

El acuerdo -Memorandum of Understanding-, firmado el viernes, supone la creación de una nueva compañía controlada por General Motors que englobará 22 filiales de Daewoo Motor Co., entre las que se encuentran todas las de Europa Occidental y todas las americanas, así como las fábricas coreanas de Changwon y Kunsan, y las instalaciones también fabriles de Egipto y Vietnam. Es la última manifestación en el sector automovilístico de la nueva situación planteada tras los anuncios de reducción de producción y plantilla por parte de los gigantes norteamericanos.

En España, Nissan ha anunciado la regulación de empleo de 48 días que afectará a 3.400 empleados.

Los suecos de Mondragón

En la diáspora que durante los últimos tiempos están protagonizando en España las empresas de alta tecnología, la nórdica Ericsson ha protagonizado esta semana el último capítulo al haber encontrado una salida para su centro de producción en el polígono industrial de Zamudio que pasará a manos de Mondragón Corporación Cooperativa, en el que trabajan más de 400 empleados y donde la multinacional sueca ha invertido más de 8.000 millones de pesetas en los últimos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 26 de septiembre de 2001.

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