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Crónica:VUELTA 2001

Mal de altura

David Millar, primer líder tras una contrarreloj en la que sobresalió Santiago Botero

Marcos Serrano se cayó en la primera curva y se rompió una clavícula. Alguien dijo en alto: 'Esto va a afectar a los demás del ONCE-Eroski'. Parece que les afectó.

Una contrarreloj corta y de recorrido urbano, como era la de 12 kilómetros en Salamanca de la primera etapa de la Vuelta ciclista a España, es una sucesión de curvas puntuadas por algún que otro tramo recto. Todo consiste en tumbarse sobre la bicicleta y trazar como un motorista, limar décimas y segundos, arriesgarse por la victoria. Serrano, que celebraba su 29º cumpleaños, se arriesgó y se cayó. Sus compañeros Igor Galdeano, Abraham Olano y Joseba Beloki, que vieron lo que les podía pasar, no se arriesgaron y no estuvieron a la altura supuesta. También se vieron afectados por el mal de altura.

Ha sido la moda del verano. Navacerrada, Valdelinares, Sierra Nevada, Pas de la Casa... En casi todas las estaciones de esquí agosto ha sido el mes del ciclismo. Embotellamiento de corredores buscando sustituir la falta de competiciones por estadías en altura, donde hay menos oxígeno y sube de forma natural el hematocrito. Los de Manolo Saiz, que apenas compitieron un par de días desde el Tour, anduvieron concentrados en Navacerrada. A los del Kelme, con Santiago Botero y Óscar Sevilla, apenas les vieron por Ossa de Montiel y Alicante, ya que estuvieron por Sierra Nevada y Navacerrada. Ángel Casero se fue a Valdelinares. Este verano, todos a la montaña. Sus aires, por lo que se vio en Salamanca, les sentaron mejor a unos que a otros.

Algunos terminaron con sensaciones extrañas, limitados por los pulmones, no por los músculos. Incapaces de rendir todo lo que su corazón les permitía. Otros, como Botero, acabaron sobrados, como máquinas. El colombiano rubio, que para completar su imagen se ha dejado una cuidada barba de finas patillas, estuvo a punto de ganar. No lo consiguió por un segundo, el que le sacó el especialista escocés David Millar, el primer líder del Tour 2000 -donde superó al todo Lance Armstrong- y el hombre más desgraciado del Tour 2001 -donde se cayó, como Serrano, en el prólogo y aguantó con el farolillo rojo y renqueante hasta que se retiró llorando al pie de la Madeleine-. Un buen corredor que no ha estado en la montaña. Un hombre con una misión. Es el primer líder de la Vuelta por un soplo, lo que dice mucho en favor de Botero, también escalador y un posible ganador al final.

Botero también fue medio favorito en el Tour, pero en Francia no pudo exhibir su genuina explosividad, su potencia sin par. Lo achacó a que vivía desde que se casó en Alicante, al nivel del mar, 2.000 metros por debajo de su Medellín de toda la vida. Para arreglar un poco el déficit de altitud y huir del calor pegajoso de Alicante se pasó el verano en la montaña. Ayer casi le tenían que frenar los de su equipo de fuerte que iba, con plato grande y piñón pequeño por los repechos, a 48 kilómetros por hora. Tremendo.

Una interpretación simple y contaminada, y muy extendida, de esta Vuelta es la que dice que va a ser una lucha desigual entre un superequipo, el ONCE-Eroski, al que le han encontrado un tridente, como si fuera el Barcelona, y un equipo duro de roer, pero abatible, el Kelme de Sevilla -muy bien ayer- y Botero, el que en 2000 aupó a Roberto Heras como si los demás no existieran. Los demás, dice la misma teoría, son individuos como el mismo Heras, el dorsal número 1, que mostró ciertos límites y perdió 46 segundos respecto a Millar. Si esto fuera así, que no lo es, el equipo de Vicente Belda ha marcado el primer gol.

La Vuelta, bautizada la ronda de los españoles, será algo más, o eso se espera, aunque no parece que los cracks en busca de redención, o sea, Marco Pantani y Richard Virenque, terminen de protagonistas. El francés ya ha dicho que está aquí para preparar el Mundial. El Pirata estuvo a punto de ser doblado por un compatriota, el pimpante Gilberto Simoni, ganador del último Giro, lo que ya ha hecho desbordar la imaginación de la prensa italiana, que lo ve como una señal positiva: Simoni está en España pensando en la clasificación general; en Pantani ya ni piensan.

Serrano terminó la prueba. Casi se desmaya al cruzar la meta, donde le esperaba una ambulancia. Los comisarios fueron humanos y no le declararon fuera de control pese a que llegó siete minutos tarde. El gesto le sirvió de poco. Hoy seguirá en el hospital.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de septiembre de 2001