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CARTAS AL DIRECTOR

Una calle para el Ulster

El odio nunca es bueno, y menos en Irlanda del Norte, y aún menos en los niños. Imágenes y, sobre todo, actitudes como las mostradas por las televisiones de medio mundo preocupan, y mucho. Eran lágrimas de hoy para las balas del mañana, o sea, el auténtico germen de la violencia y el odio en estado puro. Más que perder el tiempo en discutir quién lo instauro allí, protestantes y católicos deben ahora relanzar y realizar un último y definitivo esfuerzo para que esas imágenes no se repitan. No queremos, pues, un Ulster donde la calle se divida en aceras de uno u otro bando. Queremos calles por donde los niños católicos y protestantes puedan jugar libremente y juntos. Ah, y mientras, nosotros, a seguir tomando nota del 'ejemplo irlandés', ¿o no?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de septiembre de 2001