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CARTAS AL DIRECTOR

Imágenes de vergüenza

La cotidianidad de determinadas imágenes lleva aparejado el peligro de que pierdan su verdadero significado e importancia. Como ciudadanos y ciudadanas andaluces, la aparición constante de cadáveres en nuestras playas debería provocar la reivindicación diaria de soluciones reales, la crítica al origen de esta situación y jamás el acomodamiento a estos titulares que confunden las personas con estadísticas.

Es evidente que la actual respuesta institucional a la inmigración es la más equivocada de las posibles, fácilmente enmascarable por las buenas intenciones de las y los voluntarios de las ONG de ayuda humanitaria que tantas estampas generan con los más pequeños. Ante esta crónica de muerte anunciada, es necesario seguir incidiendo en que la existencia de la Ley de Extranjería y quienes la aplican son los máximos responsables de tanta muerte y sufrimiento, lejos en absoluto, como pretenden falsear, de conseguir luchar contra las mafias.

Las últimas detenciones indican que las principales estructuras mafiosas las conforman españoles y que los inmigrantes pagan por tres intentos de acceso a la Península; ante esto sólo hay control policial, detenciones y repatriaciones a quienes realmente sufren el azote de ambos lados. Cerrar las fronteras, nada más equivocado.

Emigrar es algo lícito y reconocido en la Declaración Universal de Derechos Humanos, y jamás hubiera pensado el legislador que fuera tan determinante el lugar de nacimiento como para anular derechos básicos inherentes a la persona (empezando por su propia identidad al negarles los papeles).

Recoger cadáveres en una playa, ver correr antidisturbios detrás de personas que sólo quieren evitar ser explotadas laboral o sexualmente son imágenes de vergüenza que muchos ciudadanos estamos hastiados de ver conviviendo con una evidente falta de política migratoria, social y laboral que no sea policía y ONG.

Es necesario abrir un debate serio de actuaciones y posibilidades reales de trabajo y convivencia que borren estas imágenes de horror, partiendo de la premisa de que son personas que tienen rostro, nombre, familia e historia, que aportan como ciudadanos todo lo que son a nuestra nueva sociedad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de septiembre de 2001