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Editorial:

Después del accidente

El accidente del avión de Binter Mediterráneo que el pasado miércoles se estrelló en Málaga, provocando 4 muertos y 26 heridos, ha dado verosimilitud a las quejas de los melillenses sobre las deficiencias de sus comunicaciones con la Península. Deficiencias en primer lugar de seguridad. Nadie ha olvidado que en septiembre de 1998 un aparato de la compañía Pauknair se estrelló a 15 kilómetros del aeropuerto de Melilla, falleciendo sus 38 ocupantes, ni que aparatos como el siniestrado ahora fueron retirados hace cuatro años de los vuelos internos en Canarias por considerarlos anticuados para el servicio. Pero hay deficiencias también de infraestructuras y servicios de transporte, algo vital para una ciudad de 70.000 habitantes situada a 170 kilómetros de la costa andaluza. Los barcos que enlazan con Almería y Málaga son pocos, viejos y lentos. En realidad, la ciudad vive cautiva de una especie de puente aéreo de 11 viajes diarios con Málaga.

Tras las protestas ciudadanas de estos días, el Ministerio de Fomento se ha apresurado a explicar sus planes de mejora del tráfico marítimo, con una línea de alta velocidad en verano que acorte a la mitad las siete horas de la travesía hasta la Península. Y también ha adelantado las mejoras previstas en el aeropuerto melillense, que, sin embargo, no incluyen un sistema de ayuda que permita operar tras la caída del sol. Al mismo tiempo, el presidente de la ciudad autónoma, Juan José Imbroda, y responsables de la compañía concesionaria de los vuelos se entrevistarán estos días para estudiar un calendario de sustitución de los aparatos por otros más modernos.

Está bien, pero resulta inquietante que un problema social de esta envergadura esté pendiente de la buena voluntad o de los planes comerciales de una empresa privada que tiene un monopolio de hecho en el tráfico aéreo con la Península. También es chocante que, como ha denunciado Imbroda, durante ocho años la entonces compañía pública Iberia, propietaria de Binter hasta el 21 de junio último, no hiciera nada por mejorar los aparatos.

El sentimiento de discriminación de los melillenses difícilmente se disipará sin una decidida mejora de las infraestructuras de las comunicaciones, una mejora en el servicio de transporte con la Península y una diáfana transparencia sobre las causas del accidente del miércoles 29 de agosto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de septiembre de 2001