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El Papa que calló

Pío XII siempre cultivó una imagen refinada y secreta. Eugenio Pacelli (1876-1958) nació en familia de abogados de la curia, nieto de uno de los fundadores de L´ Osservatore Romano. De seminarista cosechó fama de interesado en artes y ciencia, y esa curiosidad no le abandonaría: Orson Welles relata que Pío XII le preguntó sobre el divorcio de Irene Dunne o la vida matrimonial de Tyrone Power.

En su trayectoria eclesiástica, que le llevó al papado en 1939, combinó eficacia y discreción. Ya en 1901 trabajaba en el círculo clave del papa León XIII, y fue curtiéndose en las relaciones exteriores. En 1933, con experiencia de nuncio en Múnich y Berlín, negocia un concordato con la Alemania hitleriana que los antifascistas vieron como reconocimiento del nazismo.

Dos semanas después de la victoria de Franco, se refiere a España como 'la nación elegida por Dios' contra el 'ateísmo materialista'. Y en plena guerra mundial, mientras Hitler aplicaba el horror por doquier y sometía a los judíos al mayor exterminio organizado de la historia, apeló a la neutralidad vaticana: 'No permitiremos, sin vernos obligados, que nuestra acción se pierda en controversias puramente temporales'.

Sus relaciones con el nazismo no han dejado de generar polémica, especialmente tras el estreno en 1963 de El vicario, drama de Rolf Hochhuth que critica su inhibición en condenar el Holocausto. Ha habido otros libros acusatorios como El Papa de Hitler, de John Cronwell. Otra fuente de desasosiego para los historiadores es si Pío XII criticó lo suficiente las matanzas perpetradas por los ustachas, fascistas croatas.

La defensa de la Santa Sede se ha basado siempre en que esos silencios contribuían a no agravar el problema y permitían al papa trabajar bajo cuerda por las víctimas.

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