Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

El caos

Cuando la sombra del terrorismo se desplace hacia su verdadero lugar, el basurero de la historia, comprenderemos cuántas otras cosas dejaron de punzarnos debidamente el corazón, porque ya no le cabía más pesadumbre. Aunque dice el Defensor del Pueblo Español, Enrique Múgica, siempre tan lúcido, que estas cosas no hay que tratarlas con el órgano de los sentimientos. (Ya cuando ejercía en el PSOE desvariaba bastante). Por lo visto hemos de asistir impasibles a esa desordenada tragedia de la inmigración (seis nuevos muertos la semana pasada, 333 detenidos, naufragios y extorsiones, infames mafias, nuevos negreros, intoxicaciones letales) que nos lleva del sobresalto a la impotencia, del dolor al caos, y a la misma, recurrente pregunta: ¿pero cómo hemos podido llegar a este desastre?

Menos mal que aquí tenemos a un Defensor como Dios manda, y no como manda Aznar, que nos recuerda algunos ingredientes de la confusión: la nueva Ley de Extranjería no sólo no está sirviendo para ordenar los flujos migratorios, sino todo lo contrario. El descontento popular crece en las zonas de alta concentración de inmigrantes a la deriva. Aquí y allá afloran nuevas figuras de traficantes del dolor y la miseria. Lo que la policía o la Guardia Civil consigue detener es una pequeña parte de lo que realmente se les escapa. A todo lo cual hay que añadir las mañas del PP andaluz, fiel a su costumbre de incordiar lo más posible, en su intento de dejar inservible el decreto de la Junta sobre alojamientos para inmigrantes. Así las cosas, el plan integral de Alfonso Perales (un verdadero jabato en la boca del dragón), acabará en nada, después de pagar el año pasado, eso sí, diez mil millones de pesetas sólo en atenciones de urgencia a los inmigrantes. Y como el PP lo sabe, pues para qué va a firmar ningún acuerdo con la Junta de Andalucía. A todo esto, el Gobierno autónomo ha cifrado en 30.000 los inmigrantes temporales que necesita la comunidad. Pero el señor Aznar se va a reunir próximamente con el impenetrable rey de Marruecos para firmar un convenio, y este asunto no está en la agenda. ¿Ustedes entienden algo? ¿A quién aprovecha todo esto?

Será necesario acudir a otras fuentes. Mulay Hicham, primo de Mohamed VI, publicó en el mes de junio, en Le Monde, una severa crítica al joven y escurridizo monarca, en la que le acusaba de haber detenido el proceso de democratización y de reformas en el desdichado país de las pateras. (Por cierto, el año pasado las autoridades magrebíes sólo lograron apresar en sus costas a unos 2.000 emigrantes clandestinos, por más de 15.000 que se detectaron en nuestras orillas). De Francia también nos llegaba el domingo pasado la inquietante y autorizada advertencia de José Bové, líder mundial del movimiento antiglobalización, de que cuando las empresas francesas terminen de instalar en Marruecos sus invernaderos, entonces los agricultores andaluces se verán impelidos a volcar los camiones de frutas y verduras del país vecino. Y no por eso cesará la inmigración irregular, que tiene otros impulsos, entre ellos sacar del país a los jóvenes descontentos. Vayan atando cabos.

Lo que más afecta es lo que sucede más cerca. Para no perderte nada, suscríbete.
Suscríbete

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS