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Tribuna:LA MÁQUINA HUMANA | Cuarta etapa | TOUR 2001

La coleta de Fignon

La resistencia del aire es el mayor enemigo natural del ciclista. Valga el siguiente ejemplo para ilustrar la importancia de la resistencia del aire: para llanear solo (sin chupar rueda) a 32 kilómetros por hora, un ciclista debe desplazar 450 kilogramos de aire por minuto. A esta velocidad, invierte casi el 70% de la potencia de su pedalada en vencer la resistencia que produce el aire al chocar contra su cuerpo. Y el 30% restante lo gasta en vencer la resistencia del aire contra su bicicleta. Cuando además el viento sopla de cara, la resistencia del aire se convierte en un enemigo cruel: si ese mismo ciclista quiere seguir rodando a 32 kilómetros por hora contra un viento que le viene de frente a una velocidad de 16 kilómetros por hora, debe aumentar su potencia de pedaleo en un 30%.

¿Cómo se puede mejorar al máximo la aerodinámica de la postura del ciclista sobre la bicicleta? En llano y con una bicicleta convencional, sólo con cerrar los codos y mantener el torso casi paralelo a la carretera la ganancia es enorme: la resistencia del aire disminuye en un 20%. ¿Subiendo? En las subidas a los grandes puertos la aerodinámica pierde importancia relativa, pues entra en juego un nuevo enemigo: la fuerza de la gravedad, pero sigue siendo importante. Las velocidades a las que los ciclistas suben los puertos son cada vez más elevadas: frecuentemente superan los 20-25 kilómetros por hora. ¡Por algo se agarra Ullrich muchas veces a la parte de abajo del manillar en plena subida, manteniendo la espalda lo más paralela posible al suelo! Aunque parezca una postura poco ortodoxa para la escalada, seguro que consigue ahorrar un buen puñado de vatios. ¿Y bajando? Lo mejor es la postura suicida que Delgado copió a un ruso y que le valió el sobrenombre de El loco de los Pirineos: culo hacia arriba, espalda hacia abajo, en diagonal, las dos bielas paralelas al suelo, y barbilla y manos apoyadas sobre la parte alta del manillar. ¡Nada menos que un 28% menos de resistencia de aire! ¿Y en contrarreloj? Para eso está la llamada cabra de contrarreloj. Si un profesional medio necesita generar casi un caballo de potencia para rodar solo contra el viento a 54 kilómetros por hora, sobre una cabra ese mismo esfuerzo le bastaría para alcanzar unos 61 kilómetros por hora.

¿Qué más se puede hacer con el cuerpo del ciclista para mejorar su aerodinámica? Todavía se puede hacer mucho, sobre todo en contrarreloj. Desde luego, lo más efectivo es llevar un casco especial. El casco tiene una prolongación en forma de pico. Así, en vez de formarse turbulencias en la zona de la nuca, el aire sigue el contorno que forman el casco y la espalda del ciclista. Para eso hay que fijar la mirada al frente, y bajar la cabeza lo menos posible: una tortura para la musculatura cervical. El casco ahorra un minuto por cada 40 kilómetros. Puede valer un Tour: el de 1989, que venció LeMond por ocho segundos. Aquel Tour se lo birló el americano a Fignon en la contrarreloj final en los Campos Elíseos. El casco que llevó LeMond le ahorró al menos 10 segundos y la larga coleta de Fignon penalizó al francés con más de medio minuto.

También es fundamental saber protegerse del aire en el pelotón. Si dos ciclistas de nivel similar ruedan en fila a 40 kilómetros por hora, el que va chupando rueda ahorra hasta un 30% de potencia. Eso sí, hay que saber hacerlo, acercando lo más posible la rueda delantera a la trasera del que va por delante: si las ruedas van casi pegadas, la resistencia del aire del que va detrás se reduce en un 44%, mientras que si el de detrás deja hasta 2 metros entre las mismas el ahorro se reduce a un 27%. Lo malo es que así aumenta el riesgo de caídas. No hay más remedio: todo por ahorrar energías.

Alejandro Lucía es fisiólogo de la Universidad Europea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de julio de 2001