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OPINIÓN DEL LECTOR

Atado y bien atado

Cuando escuché que en el testamento político de Franco se incluía la expresión 'lo he dejado todo atado y bien atado', no lo entendí muy bien. Ahora, más de 25 años después, lo he comprendido con total nitidez. Él y sus métodos están todavía entre nosotros. Me explicaré: desde hace unos años, algunos vecinos del barrio de la Embajada, en la Alameda de Osuna, nos manifestamos en pijama, de forma pacífica, en el aeropuerto de Barajas. Reivindicamos algo tan simple y sencillo como nuestro derecho a 'dormir en paz' y a respirar aire en lugar de queroseno. Lo hacemos de manera superpacífica, niños, adultos y ancianos protestando por las brutales e indiscriminadas ampliaciones del aeropuerto, que, en su dique sur, ha situado los aviones a ¡125 metros! de nuestras casas. Ahora, como chivo expiatorio del colectivo Pijamas en Acción, he recibido una sanción de la Delegación del Gobierno firmada por el señor Ansuátegui, de 300.000 pesetas. La acusación más grave que nos hacen es que llevamos pancartas donde se indica: 'Los sueños son de todos, que no te los robe AENA'.

El delegado del Gobierno demuestra su estilo, amenazando a unos pobres e indefensos ciudadanos; pero él no es el culpable, el culpable hay que buscarlo en quienes se lo ordenan, en los que desean volver a un sistema (¿entienden ahora lo de 'atado y bien atado'?) donde los ciudadanos estemos sometidos y humillados; donde los movimientos ciudadanos, por muy cívicos y por mucha razón que tengan, no puedan expresarse; donde se amordace y se secuestre la voz de la razón. Poniéndonos una multa piensan amedrentarnos (pues el único deseo del Ministerio de Fomento es que no se hable para nada de las tropelías que se están haciendo con las sucesivas ampliaciones de Barajas); pero se equivocan, jamás lograrán callarnos e impedir la continuidad de nuestras quejas:

- Porque las reivindicaciones que han generado nuestra protesta son justas y técnica y económicamente realizables.

- Por dignidad.

- Y, sobre todo, porque ninguno de nosotros deseamos volver a un sistema represivo, donde el palo y la amenaza se impongan a la libertad y al diálogo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de junio de 2001