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Reportaje:

La globalización de Clinton, en Madrid

El ex presidente recuerda a las víctimas de ETA y advierte de que el terrorismo es una de las grandes amenazas del siglo

Ni le tiraron huevos, como el jueves en Varsovia, ni hubo baño de masas como en abril pasado en India. Cuatro meses después de dejar la Casa Blanca, Bill Clinton pasó discretamente ayer por Madrid como parte de una gira de conferencias que le permitirá embolsarse unos 200 millones de pesetas. Nada más llegar procedente de Varsovia, Clinton almorzó en La Moncloa con José María Aznar, visitó después a los Reyes en La Zarzuela y cerró la jornada con una conferencia sobre globalización en la Fundación Rafael del Pino, por la que cobró casi 25 millones de pesetas, su tarifa habitual para este tipo de actos.

Un muro de silencio rodeó la estancia de Clinton, que no viaja acompañado de su esposa, la senadora Hillary Rotham Clinton. Ni los organizadores, ni la Embajada de EE UU soltaron prenda sobre sus idas y venidas. Del almuerzo sólo trascendió que Clinton comió a solas con Aznar y Ana Botella. 'Se ha querido mantener todo en la intimidad', dijo una fuente de La Moncloa. Sólo los reporteros gráficos pudieron fotografiar su llegada al palacio.

A diferencia de Viena y Varsovia, donde escuchar a Clinton costó casi 300.000 pesetas, los 160 invitados por la Fundación Rafael del Pino -personalidades de la economía, la política, la cultura y los medios de comunicación- no tuvieron que sacudirse los bolsillos para asistir a la conferencia de 45 minutos del ex presidente, titulada Un futuro común: la globalización en el siglo XXI, que fue retransmitida en directo por Internet.

Su discurso tuvo un marcado acento social. Tras elogiar el papel de España en la consolidación de la democracia en Europa y la pacificación de los Balcanes, Clinton hizo una encendida defensa de la globalización como instrumento para fortalecer el desarrollo económico mundial y criticó a quienes se manifiestan contra ella en los países más avanzados. Sin embargo, coincidió con ellos en que el libre comercio no es suficiente para erradicar la pobreza. Es necesario, dijo, que los países ricos ayuden a mejorar los sistemas educativos, la asistencia sanitaria, el medio ambiente y el acceso a las nuevas tecnologías para que los países del Tercer Mundo aprovechen de lleno las oportunidades de la globalización. Clinton hizo hincapié en que el primer mundo debe contribuir de manera urgente a estrechar la brecha que separa a ricos y pobres si no quiere ver amenazada su propia seguridad. El sida, afirmó el ex presidente de la nación más poderosa del mundo, amenaza con recortar en una tercera parte el producto interior bruto (PIB) de muchos países africanos en cuestión de años.

''Se imaginan ustedes la inestabilidad que supondría para España una caída de esa magnitud?', se preguntó Clinton. El ex presidente estadounidense defendió la lucha contra el recalentamiento de la tierra, el 'alivio responsable' de la deuda exterior y la política de microcréditos para fomentar el crecimiento económico en los países más pobres.

En el terreno de la seguridad, Clinton afirmó que la mayor amenaza para el mundo en este siglo no tendrá su origen en la invasión de unos países por otros, sino en el terrorismo, el crimen organizado y la proliferación de armas de destrucción masiva. Al referirse al terrorismo, el ex presidente estadounidense tuvo un recuerdo para las víctimas de ETA. 'Cada vez que veo en televisión un funeral y las manifestaciones de protesta en España, como ha ocurrido recientemente, me acuerdo de mis compatriotas que murieron en los atentados contra dos de nuestras embajadas en África'.

El Gobierno estuvo representado por Aznar, el vicepresidente económico Rodrigo Rato, y los ministros de la Presidencia, Juan José Lucas, y Portavoz, Pío Cabanillas. Del mundo empresarial asistieron, entre otros, el presidente de Iberia, Xabier de Irala, y el presidente de la CEOE, José María Cuevas. También escucharon a Clinton el presidente del Tribunal Constitucional y el presidente de la Real Academia, Víctor García de la Concha, y Camilo José Cela.

Fuera, nada parecido a las protestas antiglobalización vistas durante la etapa polaca de Clinton. Sólo una treintena de curiosos contempló al ex presidente entrar en la Fundación Rafael del Pino, ubicada en un palacete rehabilitado del paseo de la Castellana, frente a la Embajada de EE UU. Clinton cruzó la Castellana a pie, rodeado de un fuerte dispositivo policial, y estrechó la mano de algunos curiosos antes de entrar en el edificio sin hacer declaraciones a la prensa.

Un hombre endeudado

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de mayo de 2001

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