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Reportaje:

El último viaje de un buque negrero del siglo XXI

El buque 'Ashva' llegó a Tenerife con 111 subsaharianos a bordo tras recorrer 1.650 kilómetros desde Dakar en 15 días

Colocando el mapa de África en posición horizontal puede observarse que tiene forma de pistola: la zona noroccidental es la culata y la boca del cañón está en Suráfrica. El gatillo de ese arma es la curva que define el golfo de Guinea. Allí se mezclan una de las mayores concentraciones demográficas del continente, el 3,5% de las reservas de crudo del planeta, una inversión de 50.000 millones de dólares por parte de las siete mayores petroleras del mundo, una decena de países carentes de organización estatal y una tasa de conflictos difícil de igualar en otro lugar de la Tierra.

Por el borde de ese gatillo se deslizan multitud de barcos destartalados que un día formaron parte de la flota pesquera soviética. Pero hace tiempo que su negocio dejó de ser la captura de peces. Hoy se dedican al tráfico de hombres que huyen de ese infierno hacia Europa. Uno de ellos se llamaba Ashva y el miércoles de la semana pasada finalizó su última travesía al atracar en el puerto de Tenerife con una vía de agua en la proa y 111 inmigrantes varones, la mayoría senegaleses, hacinados en su bodega y al borde de la inanición. Los interrogatorios judiciales y las pesquisas policiales permiten reconstruir su dramática aventura.

La isla de Goré, situada en la costa de Senegal, fue hasta hace dos siglos un punto clave en las rutas de los esclavistas. Un museo conmueve las conciencias de los turistas blancos que se aventuran hasta el lugar. Decenas de fotografías y dibujos muestran la forma en que hasta hace dos siglos los negros eran transportados hacia América en las sentinas de los buques. Para ahorrar espacio los colocaban con las cabezas encajadas entre los pies de sus compañeros. La vista cenital de asas bodegas recuerda la disposición de una lata de arenques.

El juez Joaquín Astor, que instruye el sumario del Ashva, ha visitado el museo de Goré. Y no encuentra grandes diferencias entre las imágenes de aquellos buques negreros y el modo en que fueron transportados hasta Canarias los inmigrantes: 'Viajaron hacinados en la sentina. Varios han contado que tenían que dormitar en cuclillas por falta de espacio para tumbarse. Unos dicen que iban encerrados; otros, en cambio, aseguran que les permitían subir a cubierta. Lo más probable es que la tripulación les dejara la puerta abierta para que no se asfixiaran, pero que sólo les concediera salir para hacer sus necesidades'.

El Ashva zarpó de Dakar el 27 de marzo, 15 días antes de entrar en Santa Cruz. Sus nueve tripulantes, que permanecen encarcelados en Tenerife, afirman que fueron contratados para este viaje de forma excepcional. 'Creo que no mienten', afirma el juez. 'Probablemente el navío fue fletado por alguno de los señores de la guerra que se disputan las riquezas de la zona'. Se hizo a la mar con los inmigrantes en su panza o los recogió en la bahía. Este extremo no ha sido precisado porque los subsaharianos, que pagaron dos millones de leones (más de 160.000 pesetas) por la travesía, son reacios a proporcionar cualquier pista que provoque represalias de los traficantes contra sus familiares.

Con casi total certeza, el barco se dirigía a Portugal. A bordo llevaba una lancha neumática en la que la tripulación pretendía acercar a los inmigrantes hasta la costa. Dada la capacidad de la zodiac, habrían sido necesarios al menos tres viajes para descargarlos a todos.

Los piratas -el buque no tenía bandera, ni nacionalidad acreditada, ni puerto de matrícula conocido y sólo se sabe que fue construido en Lituania por una plaquita colocada en el puente de proa- decidieron rodear las Canarias para evitar ser descubiertos por los radares de Mauritania, Marruecos o España. Pero cuando estaban cerca de Tenerife, tras 1.650 kilómetros de travesía, su situación se tornó desesperada. Los víveres -arroz y cebollas, principalmente- escaseaban. La carga humana estaba enferma. Y una vía de agua comenzaba a agrandarse en la proa. Enfilaron la bocana de Santa Cruz a la desesperada.

Astor y los agentes que interrogaron a los inmigrantes aseguran que no olvidarán nunca dos cosas: el hedor del barco y las miradas de miedo y desconfianza de sus ocupantes. Ni ellos ni el comandante de marina ni los responsables del puerto encuentran palabras para describir el espectáculo: 'El navío era un hierro viejo cubierto de mierda y vómitos', dice un agente. 'Daban ganas de llorar', afirma otro. 'Jamás había visto un barco en esas condiciones', asegura el capitán marítimo. El tiempo y el mar habían podrido las ropas de aquellos desdichados que blandían fotocopias de cédulas de identidad de colores diferentes, cuya falsedad era evidente al primer vistazo.

Los policías se compadecieron por su situación y les alojaron en sus instalaciones. Incapaces de digerir los alimentos que les proporcionó la Cruz Roja, los subsaharianos fueron presa de diarreas. Como medida de urgencia, las autoridades decidieron trasladarles al edificio de la antigua terminal del aeropuerto de Fuerteventura. También ordenaron sacar el buque del puerto y hundirlo a una distancia prudencial. Con el Ashva se fue a pique un barco de esclavos del siglo XXI.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de abril de 2001