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Djalminha, el cambio de la discordia

Orgullo por el partido de anoche, satisfacción por la campaña europea ... pero también viejos agravios. Aunque nadie en el Deportivo dramatizó la eliminación, al término del partido salieron a relucir antiguos rencores, heridas abiertas en el vestuario que, por lo visto, nunca acaban de cicatrizar. Por ejemplo, el cambio de Djalminha, que levantó cierta controversia, y la suplencia de Diego Tristán, quien no se privó de airear su malestar.

Fue el único momento de la noche en que Riazor se malhumoró. Faltaban veinte minutos y Javier Irureta tomó una decisión que ya sabía que iba a ser polémica: sustituyó a Djalminha por Valerón. Buena parte del estadio no lo entendió y silbó al entrenador. El futbolista, sin embargo, moderó esta vez su volcánico carácter y aceptó el cambio sin rechistar.

"Hice los cambios porque había jugadores a los que le faltaban fuerzas", explicó Irureta tras el partido. Sobre el relevo de Djalminha, el técnico frunció el ceño e hizo un tácito reproche al brasileño: "Arriesgué mucho con esa decisión, pero estaba buscando gente de refresco. El jugador que entró, Valerón, fue el que dio el pase del segundo gol. Y no hay que olvidar que Pandiani había tenido que hacer el trabajo que le correspondía a otros". Se refería el técnico, con toda seguridad, a la presión sobre el centro del campo del Leeds, en la que, efectivamente, el uruguayo, pese a jugar en punta, se distinguió más que Djalminha, teórico acompañante de Mauro Silva en el doble pivote blanquiazul.

Diego Tristán estuvo de lo más locuaz. El delantero había entrado en la segunda parte y metió un gol. Una situación ideal para disparar con bala. "No entiendo por qué no salí desde el principio", declaró. "Soy un jugador que mete goles y no juego ni dos partidos seguidos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de abril de 2001