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CARTAS AL DIRECTOR

Gente sin prejuicios

José María Cuadrado Llopis no recoge los excrementos de su perro, al que llama 'querido animal'. Dice que los desechos orgánicos no contaminan la atmósfera. Cuando una persona cívica y valiente (según él, con más prejuicios que razonamiento deductivo) le llamó la atención tuvo que contenerse para no insultarla, pues piensa que en lugar de intentar cambiar a los demás, debería cambiar ella.

Sucede que esa persona quizá, como yo, no tira latas de aluminio, vidrios, plásticos ni pilas, enormemente contaminantes, ni, desde luego, excrementos algunos a la calle, que también son enormemente contaminantes, aunque de otra forma (si no lo son, como afirma, ¿por qué no permite al animal hacerlo en el salón de su casa?).

Sucede que quizá esa persona, como yo, piensa globalmente, imaginando un mundo sin porquería por las calles, y para lograrlo actúa localmente, no ensuciándolo ella misma e impidiendo que la ensucien aquellos que la rodean, sus familias, sus animales... Y sucede que usted quizá no tenga prejuicios, no lo sé. Pero, en pensamiento deductivo está suspenso. Pues, sin ninguna duda, es usted quien 'es incapaz de percibir sus propios defectos'; si desea de veras ver su ciudad, su mundo, su universo, sin porquería, cosa que dudo, debería deducir que lo primero será recoger la que ensucian su perro y usted y después fijarse en la que ensucian los demás para ver de qué forma puede influir en ellos.

Verá, el otro día salió del coche un individuo a pegarnos a mí y a mis dos hijos por recriminarle el casi atropellarnos en un paso de cebra (sólo le dije 'gracias' con sorna). Desistió, sí, pero sólo cuando vio que el resto de peatones estaba de mi parte. Por desgracia, esta ciudad está llena de gente sin prejuicios, gente que no piensa cambiar, triunfadores en posesión de la verdad para los cuales el civismo es un estorbo.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de marzo de 2001