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Empieza otra batalla burocrática

La plantilla alevín del Villa Rosa celebró por todo lo alto el pasado miércoles la concesión de la tarjeta de residencia no laboral a Jean Araya. Los gritos de júbilo se pudieron escuchar en todo Hortaleza. Fue en el mismo campo donde el niño llevaba entrenándose con enormes ganas e ilusión desde septiembre. Tres años después de llegar a Madrid, y tras haberlo intentado en otros dos clubes, el Carranza y el San Sebastián de los Reyes, conseguía su sueño. Lo curioso del caso es que sus papeles dormían desde hace diez meses en la Dirección General de Extranjería y despertaron el 2 de marzo, al día siguiente de haber aparecido publicado en EL PAÍS el reportaje que recogía su historia y reflejaba sus ansias de jugar de una vez.

Ese día se envió una carta, que llegó el lunes 5, en la que se concedía la solicitud de residencia no laboral a Jean. En ella se decía que pasasen a por el resguardo provisional al día siguiente. Aunque Juan, su padre, y Angelina, su madre, ya esperaban sus tarjetas, no tenían muy claro cómo iba a ir lo de Jean. Pensaban que tardaría seis meses.

Todo ha sido una complicada batalla burocrática para esta familia chilena, que ahora se embarca en otra. Juan lleva desde los 14 años trabajando con camiones y autocares. Su padre tenía una empresa en Quilpué, su ciudad natal en Chile, y la conducción y la mecánica no guardan secretos para Juan, que asegura no haber tenido nunca un accidente ni haber recibido una multa. Sin embargo, no le vale el carné internacional para trabajar en España y tiene que sacarse el carné de conducir español. Se puede gastar más de 200.000 pesetas en conseguir el de la categoría E, y en cualquier caso, ahora se ve sin trabajo. 'La verdad es que me he quedado muy fastidiado con el despido', admite, pero replica: 'No puedo perder el tiempo, me voy a sacar el carné lo antes posible'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de marzo de 2001