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Cinco arrestados por introducir a inmigrantes con invitaciones falsas

La red estaba compuesta por cinco ecuatorianos, tres mujeres y dos hombres. Una de las mujeres, Norma R. R. C., de 33 años, está en España en situación irregular y hacía de intermediaria con la otra parte de la banda en Ecuador. Los otros cuatro supuestos componentes de la organización contaban con el preceptivo permiso de residencia en España (de ellos, dos son mujeres que trabajan como empleadas de hogar y los otros dos son obreros sin cualificar).

Los cuatro residentes -Blanca S. M., de 45 años; Jorge E. D., de 30; Carmen L. C., de 29, y Jorge R. C., de 32- plasmaban su firma en las cartas de invitación falsas para facilitar la entrada de sus compatriotas en España. Cada uno de ellos rubricó unas 28 cartas de invitación en apenas mes y medio. Les suponía un ingreso añadido a su sueldo mensual. Cobraban 5.000 pesetas por cada una de las cartas que firmaban sin ni siquiera conocer a la persona que se iba a beneficiar de ello, según explica el jefe del Grupo I de la Brigada Central de Extranjería. Las firmas se realizaban ante notario en diversas notarías para no llamar la atención.

En los documentos, el inmigrante regularizado, que invita a venir a España como turista a otro ecuatoriano, se compromete a: '(...) sufragar todos los gastos que pueda ocasionar su estancia [la del invitado], así como a hacer frente al pago del pasaje de vuelta a su país de residencia una vez terminada dicha estancia, y también en el caso de que así lo requieran las autoridades españolas', según figura en una de las cartas intervenidas.

Anfitriones sin recursos

Pero, en realidad, los anfitriones carecían de los recursos económicos necesarios para asumir todos esos gastos, y menos aún para los más de veinte ecuatorianos que cada uno de ellos había invitado a España en lo que va de año.

La organización funcionaba con un contacto en Ecuador, una mujer que, supuestamente, trabaja para el presunto cabecilla de la red. La mujer regenta una agencia de viajes en Quito y era la encargada de tramitar el viaje fraudulento de los inmigrantes.

Esta mujer cobraba una media de 250.000 pesetas a cada ecuatoriano por el billete a España y por la carta de invitación falsa. El cabecilla enviaba 15.000 pesetas y los datos del ecuatoriano que quería abandonar el país, a través de una empresa de mensajería, para que Norma, su contacto en Madrid, comenzara a tramitar la carta de invitación para el sujeto en cuestión. Resuelto el trámite, Norma enviaba la carta de vuelta a Ecuador y así comenzaban los preparativos del viaje.

Los agentes de aduanas del aeropuerto de Barajas detectaron, desde enero hasta mediados de febrero, 102 cartas de invitación con las mismas cuatro firmas. Una de esas cartas invitaba a cuatro personas, todos miembros de la misma familia. Este descubrimiento permitió a la policía desmantelar la banda.

La carta de invitación es un documento que permite a un extranjero entrar en España sin lo que se llama la bolsa de viaje, en la que se incluye dinero -el mínimo es 2.000 dólares (unas 360.000 pesetas) para los tres meses de estancia máxima permitida para turistas-, un billete de avión de ida y vuelta y alojamiento. Si carecen de alguno de esos elementos, el turista podrá ser embarcado de vuelta a su país. La carta de invitación anula la necesidad de traer la bolsa de viaje.

Los inmigrantes que lograban pasar el filtro de la aduana con la carta de invitación falsa entraban como turistas, sobrepasaban el plazo máximo de tres meses y se quedaban en España en situación irregular.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de marzo de 2001

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