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COLUMNA

Entre la lógica y el azar

Parecía que los misteriosos designios del fútbol convertirían el maravilloso partido del Deportivo en una derrota de grandes consecuencias para la Liga. No ocurrió así porque el juego escogió un término medio entre lo lógico y lo azaroso.Concedió un empate que el Madrid no mereció frente a un equipo generoso, emotivo y brillante. Nadie le ha rematado más al Madrid, nadie le ha hecho sentirse tan claramente inferior, nadie como el Depor le ha obligado a cambiar de papel: de protagonista a partisano. Jugó como un resistente, embotellado, achicando agua en cada una de las acometidas del equipo gallego. El mayor mérito del Madrid fue su entereza para aguantar el asedio, que alcanzó proporciones extremas en varias fases del encuentro.

No se ha distinguido el Madrid por su piel dura. En Riazor la tuvo de elefante. Cualquiera puede imaginarse su destino en un partido de estas características en tiempos pasados. Esta vez salió medio vivo frente al mejor Deportivo posible, un equipo abrumador que embotelló y desarboló a su adversario. Le faltó la fortuna que le sobró al Madrid. Pero el azar juega fuerte en el fútbol, y ayer fue un buen día para comprobarlo. Un empate es muy poca cosa para el vendaval que provocó el equipo gallego

Todo lo que hizo el Depor fue irreprochable. Jugó con intensidad, criterio y precisión, sin resignarse jamás a las difíciles condiciones de un partido que le salió ful desde el principio. A su capacidad para jugar a lo grande, añadió remate y pujanza. Todo a partir de la deslumbrante actuación de Djalminha en el primer tiempo. Pocas veces se ha visto a un futbolista dominar un partido como lo hizo el brasileño desde la media punta. Participó en todas y cada una de las ocasiones de su equipo en la primera parte, y fueron media docena. Con pases perfectos, con regates hermosos, con tiros envenenados, Djalminha resultó incontrolable para el Madrid, y especialmente para Celades, que pagó su timidez con un calvario.

Djalminha es un grande del fútbol mundial, un jugador diferente que merece un equipo formidable. El Depor lo es. Lo fue de principio a fin ante el Madrid, que dependió de la inspiración de Casillas en la primera parte y de la sabiduría de Hierro para corregir los errores colectivos. Pero incluso en el capítulo de los defectos madridistas hay que elogiar al equipo local, que desactivó línea por línea a su adversario. Roberto Carlos, Raúl y Figo cumplieron un papel menor. Helguera tampoco logró imponerse en el centro del campo. A todos les tocó el papel de partisanos. No lo hicieron mal, pero no era eso lo que había proclamado el Madrid hasta el duelo de Riazor. Hasta ayer, se sentía el mejor equipo del campeonato. Ahora esa condición está más que en duda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de febrero de 2001