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Reportaje:

Una familia a la deriva

Un matrimonio argelino y sus tres hijas, obligados a dejar el país tras no obtener el asilo

Tienen la resignación encajada en las facciones. No poseen nada, ni casa, ni dinero, ni maletas. Sólo les queda la esperanza. Eso y -según dicen- un pasado marcado por las amenazas de los terroristas de Argelia, su país. El temor a que los fundamentalistas cumplieran sus advertencias empujó a Mustapha Belhouari y su mujer, Yamina Benchikhi, a buscar asilo en España. Salieron hace cinco meses de Orán, su ciudad natal, y ahora están a la deriva junto a sus hijas Fatima, de 16 años; Soad, de 11; y Sadia, de 8.

Han encontrado el calor de Málaga Acoge, que no sabe qué hacer con ellos, más que proporcionales alojamiento y un plato de comida. El Gobierno les ha denegado la condición de refugiados y les ha puesto fecha de salida para su viaje a ninguna parte: la familia tiene obligación de abandonar el país el 2 de febrero. Aunque tienen la posibilidad de presentar un recurso, ya han entrado en la condición de irregulares.

Sin rumbo

Sin papeles, sin recursos y sin rumbo, no es extraño que Yamina, que no habla ni chispa de español, logre explicarse perfectamente sobre su futuro encogiéndose de hombros y negando con la cabeza. Fatima, su hija mayor, empieza a entender que la familia está en apuros. Soad y Sadia, en cambio, juegan ajenas a todo, entre las varias decenas de inmigrantes que esperan pacientemente a que los voluntarios de la organización humanitaria les informen sobre la nueva Ley de Extranjería.

La familia dejó Orán a mediados de septiembre. Según Mustafá porque los terroristas le obligaban, bajo amenaza de muerte, a ser colaboracionista. Él asegura que intentó disuadirlos esgrimiendo que tenía tres hijas, pero dice que no los convenció. Yamina añade que incluso les destruyeron su precaria vivienda. Pero no tienen pruebas de su supuesta persecución.

La Delegación del Gobierno en Ceuta, donde permanecieron cinco meses, les comunicó la denegación del asilo el 17 de enero. Según el Ministerio del Interior, porque 'del contenido del expediente no se deduce que el solicitante haya sido objeto de una persecución personal que justifique su acogida al Tratado de Ginebra'. Ambos admiten que no pueden probar las amenazas porque dicen que los terroristas no dejan más huellas que un reguero de muertos. Entonces Yamina comenta la resolución con su lenguaje universal e inequívoco: se pasa el pulgar por el cuello.

Denuncia y réplica

La familia dejó el CETI (centro de estancia temporal para inmigrantes) de Ceuta al día siguiente de que se le notificara la denegación del asilo. Andalucía Acoge acusó a la Delegación del Gobierno de esa ciudad de 'haberlos metido en el barco hacia Algeciras para quitarse el problema'. Esta institución replicó que abandonaron el ceti porque es preceptivo una vez que se rechaza una petición de asilo y niega que los pusiera en el ferry. 'Recibieron la resolución en la que se les comunicaba que tenían 15 días para irse del país y se marcharon', explicó un portavoz.

Con apenas un bolso y un listado de ONGs por equipaje, los Belhouari recalaron en Málaga el martes pasado. Tras conocer su caso, Andalucía Acoge elevó una queja al Defensor del Pueblo nacional. Son humildes, se les lee en la cara, en la ropa y en el calzado. Él trabajaba como encofrador y ella echaba algunas horas atendiendo el hammán (baño turco) de su hermano. Ahora no saben ni cómo ganarse la vida ni a dónde ir. Pero en medio de su confusión, no se olvidan de dar las gracias a las ONGs que les han apoyado y a la 'charité'. Están desconcertados, aunque tienen claro que no volverán a su país. 'Argelia no más. Argelia trabajo, pero no seguridad. Argelia danger', se anima Yamina mezclando español y francés. Después vuelve a su lenguaje gestual y se lleva las manos al rostro en señal de desesperación.

Queja al Defensor

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de enero de 2001

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