Reportaje:

El difícil camino de Asia

Carencias y descoordinaciones lastran el plan exterior español más ambicioso

Una ráfaga de decepción, incluso alguna queja espontánea, sacudió la clausura del Comité Bilateral Hispano-Indonesio en Yakarta, el pasado 12 de enero, cuando llegó la noticia de que José María Aznar, debido al fallecimiento de su padre, cancelaría su gira por Asia. Unos 15 empresarios españoles y unos 25 indonesios seguían la reunión organizada por el Consejo Superior de Cámaras de Comercio y presidida por el secretario de Estado de Exteriores, Miquel Nadal. Otros 15 hombres de negocios venidos de España aprovechaban la jornada para ultimar contactos entablados durante esta visita a Indonesia que se había iniciado con la semana. Pero muchos en esta treintena de pioneros no habrían hecho el viaje si no se les hubiera prometido que, dos días después, en Singapur, tendrían la oportunidad de conversar con el presidente del Gobierno. Diplomáticos destacados en la zona suelen comentar que a los empresarios españoles que siguen estas giras orientales del presidente con frecuencia les interesa más viajar con Aznar que conocer Asia.

Manuel Gasset, secretario general de Abengoa, una ingeniería con presencia en Tailandia, en Indonesia y sobre todo en China, es uno de los seis u ocho empresarios que hubiera llegado a la etapa final en Hanoi, ya que el resto de sus colegas tenía previsto regresar a Madrid desde Singapur, tras ser informados de que deberían transitar por aeropuertos asiáticos durante 13 horas porque no cabrían en el avión del presidente para viajar hasta la capital vietnamita. Gasset, en cambio, ni siquiera salió de Madrid, porque pensaba incorporarse al viaje directamente en Singapur. Pero vivió también su decepción. 'Es una lástima que, una vez por un motivo y otra vez por otro, el viaje a Vietnam se haya suspendido en dos ocasiones', comenta.

Los servicios de protocolo de La Moncloa, que intentan paliar posibles agravios y conservar las citas, han podido comprobar con alivio que las autoridades vietnamitas han comprendido mucho mejor esta segunda cancelación por una desgracia familiar que la primera, del pasado 18 de octubre, cuando Aznar optó por quedarse en España para asistir a los funerales del teniente coronel médico Antonio Muñoz Cariñanos, asesinado por ETA.

Manuel Valencia, secretario general de Técnicas Reunidas, la empresa española con perspectivas de lograr el contrato más importante que Vietnam tiene hoy sobre la mesa, no se considera perjudicado por las circunstancias. 'No', dice, 'porque hemos pasado ya con otras seis empresas una primera selección entre un total de 45 para realizar este proyecto de una refinería de petróleo con una inversión de 1.300 millones de dólares'. Valencia alaba, además, el Plan Asia/Pacífico, eje de la política del Gobierno en esta zona, aunque suscribe la objeción más extendida: 'Elplan es bueno, pero hay que dotarlo financieramente'.

Presentado el pasado mes de octubre como la gran novedad en política exterior de la segunda legislatura del PP, el Plan Asia/Pacífico arranca de una constatación clara: en una región que concentra la mitad de la población y un 25% del PIB mundiales, España sólo registra un déficit comercial creciente (que representa el 35,7% de nuestro déficit total actual) debido a su nula penetración económica. Valga como muestra que apenas 10 de las 150.000 empresas extranjeras que operan en China son españolas.

El plan busca que se supere esa situación, sin movilizar nuevos recursos, mediante el logro de algunos contratos grandes en países claves que luego ejerzan su efecto de arrastre sobre las pequeñas empresas. Para ello, se propone redistribuir los recursos existentes con vistas a potenciar las campañas de imagen, los contactos políticos, culturales y económicos, la información y otras iniciativas que faciliten la aproximación y presentación de las empresas en la región. Los objetivos son modestos. El Gobierno, por ejemplo, que ha creado una dirección general para Asia en Exteriores, se contentará con abrir una sola embajada más -la de Singapur-, dos nuevas sedes del Instituto Cervantes -en Tokio y Pekín- y con aumentar de 69 a 87 los funcionarios interesados en la zona.

El camino puede resultar, sin embargo, tan accidentado como fue la gestación de la última gira fallida de Aznar, en la que apenas cabe distinguir más referencias fijas que la previsión contenida en el plan de que el jefe del Ejecutivo visite este año al menos cinco países asiáticos y la necesidad de que intentara realizar el viaje ya suspendido una vez a Vietnam. Para completar la gira, se eligió, primero, Tailandia, un país que nadie situaría entre las prioridades asiáticas de España, pero que, según La Moncloa, tenía la ventaja de que 'queda muy cerca' de Vietnam. Se convocaron elecciones y la idea fue abandonada. Un sector de empresarios quería entonces que Aznar fuera a Indonesia, pero éste eligió Singapur. La agenda quedó así cerrada hasta que, el 4 de enero, el presidente decidió incluir una breve escala en Kazajstán, la perla exótica de la diplomacia española, un país con el que el comercio español se ha deteriorado tras la apertura de una de nuestras 11 embajadas asiáticas y en el que Aznar no consiguió acceder a la sala de autoridades del aeropuerto de Almaty, cuando paró a respostar el pasado mes de octubre, regresando de Corea del Sur, porque pretendían cobrarle la entrada. Talgo vendió un tren a Kazajstán el mismo día de Nochebuena y ése iba a ser el motivo de la visita.

'Me parece incomprensible que Aznar decidiera ir a Singapur y no a Indonesia', opina Alberto Recarte, vicepresidente de Centunión, una ingeniería que tiene oficina en Yakarta. En La Moncloa niegan que el presidente quisiera evitar Indonesia por razones políticas.

Recarte comparte las críticas al plan Asia porque no contiene medidas financieras. 'Las empresas españolas son de dimensión mucho menor que las europeas, y las pocas grandes se han quedado exhaustas en Latinoamérica. Por eso, no puede haber una inversión directa española masiva en Asia. Hace falta mucho crédito blando. El plan es positivo, pero, si no se prevé financiación, será un fracaso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0023, 23 de enero de 2001.

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