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Niza o el ser de Europa

Creo, sinceramente, que la cumbre de Niza no ha colmado las esperanzas de los millones de europeos que lo son ya, y de los millones que aspiran a serlo por amor a la libertad y a todo lo que Europa representa. Nos sentimos insatisfechos no sólo con el resultado final de la cumbre, sino con el propio proceso que se ha seguido hasta la misma. No ha habido un debate público que implicase a la ciudadanía en el futuro de Europa, que hiciera que la gente se sintiera partícipe de este proceso de construcción, que contribuyera a crear un sentimiento de solidaridad hacia los nuevos miembros que esperan formar parte de la Unión.Niza era la esperanza de poder realizar la reforma institucional imprescindible para que la ampliación pudiera tener lugar y, aunque hemos llegado a un acuerdo, éste es insuficiente. No se trataba de una ampliación más -aunque sólo fuera por la importancia numérica de los países que debían preparar su ingreso-, sino de una apuesta política de un enorme calado. Ampliar las fronteras hacia el este y el centro de Europa suponía, para la mayoría de nosotros, la oportunidad de crear ese espacio de paz, seguridad y prosperidad que, desde el principio, constituía el principal objetivo de la integración. Pero, además, ello significa la articulación definitiva de lo que, vagamente, denominamos identidad europea. Éste es el verdadero sentido de Europa: construir una realidad integrada en el que la diversidad de sus componentes sea un elemento de cohesión, en el que la pluralidad nos dote de un ser propio, en el que los distintos niveles de poder puedan coexistir y funcionar sin conflictos.

Niza era, pues, un momento crucial para la construcción europea. Era el momento para mostrar una cierta ambición política, para pensar en el futuro, para resolver algunas de las cuestiones que llevan tiempo esperando una solución. Niza debía conseguir lo que no se consiguió en Amsterdam. Pero ¿qué resultado tenemos hoy? Si hacemos un análisis exigente con la cumbre, hemos de concluir que aún deberemos esperar algo más de tiempo para entrever lo que será el entramado institucional y organizativo de la Unión Europea. Quizás Berlín sea el momento para dar ese paso definitivo, pero no estoy muy seguro de que Europa pueda permitirse el lujo de seguir esperando. ¿Alguien puede creer que con lo acordado sobre la Comisión, el sistema de adopción de decisiones o la propia composición del Parlamento, se puede funcionar? Es probable que algunos de los que deberían tomar las decisiones en Niza no deseen una mayor integración europea y, por tanto, no ven la necesidad de avanzar en este campo.

Pero la Unión Europea no puede ser sólo un gobierno de gobiernos, sino un gobierno de ciudadanos y para los ciudadanos. Todo lo que suponga avanzar en el despliegue de la ciudadanía y la democracia son objetivos que deben mantenerse como prioritarios. Y ello sólo se puede conseguir con unas instituciones comunitarias fuertes, capaces de impulsar políticas comunes, generando relaciones de confianza e instancias de coordinación que permitan a los ciudadanos convencerse de que es Europa quien puede dar solución a sus problemas. Debemos conseguir que el interés europeo y el nacional no se vean enfrentados, situados en distinto nivel, debemos conseguir vernos a nosotros mismos como ciudadanos europeos.

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Por eso no estoy satisfecho con Niza, porque no he sentido una apuesta común por el futuro, sino un mero propósito de resolver el reparto interno del poder. Ya sé que hay que hablar de poder -es imprescindible en toda institución-, pero no sólo de poder. El ejemplo más evidente de lo que quiero expresar lo encontramos en determinados responsables europeos al salir del Consejo; su preocupación estaba centrada en explicar "lo bien que había quedado" su país. ¡Claro que quiero que mi país ocupe un lugar destacado en Europa!, pero quiero que gane por su capacidad de conformar acuerdos, de buscar mayorías, por su iniciativa, por su ambición, por ser el impulsor de las decisiones que redundan en beneficio de Europa. No se es más grande por tener más votos en el Consejo, sino por hacer propuestas que sean relevantes y aceptadas por la mayoría. Lo más importante, desde mi punto de vista, es tener influencia y ser respetado por todos, saber que nuestra opinión cuenta.

Los ciudadanos no saben qué ha defendido el Gobierno en Niza, lo único que les ha llegado ha sido una mera discusión aritmética y, en todo caso, no entienden muy bien por qué la asignación de unas décimas a uno u otro país ha ocupado tanto tiempo a tantos líderes europeos. No critico el ajuste en la necesaria distribución de votos, sino que esto sea lo único que haya importado y trascendido. ¿Cómo vamos a implicar a los ciudadanos en este proyecto con un mensaje tan poco atractivo? Esta cumbre sigue sin tener en cuenta a la ciudadanía, y Europa no puede construirse sin una base social sólida, sin un impulso de su gente, sin el convencimiento de que formamos todos parte de un único ideal. La Carta de Derechos Fundamentales era el instrumento más importante y cercano para la ciudadanía; no sólo porque los derechos son algo tangible, fáciles de incorporar y susceptibles de crear adhesiones inmediatas, sino porque suponía la oportunidad de lograr un compromiso más activo de todos en el proceso de integración. Pero la Carta no tiene fuerza jurídica, en Niza se decidió no incluirla en los tratados, a pesar de que lo expresado en la misma sería un mínimo para cualquier ciudadano de nuestros países. La no inclusión de la Carta demuestra miedo a Europa.

No quisiera dar impresión de pesimismo, más bien busco provocar una respuesta, una reacción que nos permita seguir avanzando. En la época de la globalización es Europa la mejor respuesta para la nueva realidad, el mejor invento que podemos imaginar para resolver algunos de nuestros problemas actuales. Necesitamos de Europa para poder luchar contra el terrorismo y la criminalidad organizada, para acordar políticas en materia sanitaria, para defender el medio ambiente y ordenar el fenómeno migratorio. Necesitamos tener una verdadera Política Exterior y de Seguridad Común y que se complete la Unión Económica y Monetaria. Necesitamos profundizar en la realización de nuestro espacio común y pensar que en un futuro próximo debemos adoptar algunas decisiones. Sé que hemos avanzado mucho en estos últimos años, pero ahora no podemos detenernos. Seguir adelante es un ejercicio de responsabilidad que no estamos en condiciones de eludir, no sólo porque nos jugamos el ser de Europa, sino porque son muchos los millones de ciudadanos que esperan formar parte de este espacio de esperanza.

José Luis Rodríguez Zapatero es secretario genral del PSOE.

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