Soy funcionario, ¿voy de huelga?
Soy funcionario. Docente. Y estoy que no quepo en mí de gozo. Exultante me hallo. Alborozado me encuentro. ¡He sido movilizado! ¡Voy a ir a la huelga! ¡Por fin! Los sindicatos están a la gresca con el Gobierno-patrón, y han tenido a bien convocar a todo el funcionariado para servir de ariete en la movida. ¡Y yo que me alegro! Porque uno, que ya está casi en la cincuentena, es muy mayor para ser moderno y responsable. Uno es de los de antes, de los de primero la confrontación y después la negociación en esto de las relaciones con la patronal. Vamos: que todavía me creo lo de la lucha de clases. Por eso, después de tanto tiempo "mareando la perdiz", al fin parece que habrá bullilla.Razones, desde luego, no faltan: la Administración patrona, a pesar de que el IPC ha subido ya el doble de sus previsiones, tan sólo ofrece una subida salarial al funcionariado del 2% otra vez, desde hace ya no sé cuántos años. Pero es que, además, somos una clase de trabajadores y trabajadoras que seguimos sin tener cláusula de revisión salarial. Y así nos va: nuestro poder adquisitivo se ha ido deteriorando; hay quien dice que desde 1990 lo ha hecho en un 15% (hay quien calcula que el 20%). Si ahora pedimos una subida de casi la mitad (el 6,9%) para empezar, no estamos pidiendo la luna, ¿no?
Pero hay más razones: la política de empleo de esta Administración, que repone solamente el 25% de las plazas que se desocupan, que precariza más y más los contratos laborales, está encaminada, desde hace tiempo ya, a terminar de privatizar todos los servicios públicos. Maastricht dixit.
Y el salario mínimo interprofesional sigue siendo de miseria. Mientras, el de los altos cargos sigue subiendo y subiendo en unos porcentajes que provoca, cuando menos, rubor (aunque parece que no en el rostro de esos altos cargos). También suben y suben las gasolinas, los precios alimenticios, los servicios básicos, los impuestos...
Y, por eso, me sube y me sube la adrenalina, la mala leche, la gana de bronca. Y por eso estoy contento, porque voy a la huelga. Así que, los días 14 y 15 de diciembre no voy a ir a trabajar... Bueno... espero no ir a trabajar.
Porque últimamente uno se está acostumbrando a que los sindicatos llamados modernos, eficaces y responsables, nos convoquen a una serie de movilizaciones, incluida huelga alguna vez, para después, tres días antes de la misma, desconvocarla alegando haber firmado no sé qué acuerdo o pacto sin consultar para nada al personal afectado.
A saber qué intereses habrá detrás, dicen los peor pensados (o no tan peores). Y eso, quieras que no, también provoca mala leche, y aburrimiento y cansancio, y pasotismo, y ganas de mandar a los sindicatos a hacer puñetas.
Por eso, uno, que todavía es sindicalista (y me imagino que muchos y muchas más siguen haciendo del sindicalismo su forma de luchar), se atreve a pedir a esos sindicatos: ¡Por favor, no me quitéis el caramelo de la boca! ¡Vamos a hacerle un poquito de daño al patrón! ¡Vamos a darle un poco de alegría al cuerpo!- Alfredo Infantes Delgado. Jaén.


























































