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Entrevista:CRISTINA CEREZALES LAFORETESCRITORA

"El Madrid que yo percibo es el que te permite comunicarte"

Su madre, Carmen Laforet, asombró a sus lectores con su primera novela, Nada, publicada en Destino en 1944. Ahora, Cristina Cerezales Laforet (Madrid, 1948) publica De oca a oca, su primera obra, en la misma editorial que dio a conocer a su madre. No son las únicas coincidencias. Cuando sonríe, cuando contesta, cuando se ensimisma, Cristina Cerezales recupera en su rostro algunos de los rasgos de la autora de Nada. El amor a la naturaleza, la búsqueda de una espiritualidad no necesariamente religiosa y el cultivo de una elegante bohemia son otras de las características que Cristina Cerezales parece haber heredado de su progenitora. Narradora tardía después de varios años dedicada a la pintura, Cristina Cerezales llega a la literatura a una edad "en la que se pierden los miedos y entras en la libertad". No le preocupa, por tanto, que alguien la compare con su irrepetible madre ni con su hermano, Agustín Cerezales, también escritor. Su padre, el periodista y crítico Manuel Cerezales, fue el único representante del mundo literario a quien la autora enseñó el manuscrito antes de mandarlo a la editorial. Pregunta. ¿Qué buscaba en él: su opinión como crítico o como padre?

Respuesta. Como crítico, pero decidida a no agobiarme en el caso de que no le gustara. Por suerte, apenas puso reparos, y ahora que está impresa está disfrutando leyéndola de nuevo.

P. Antes de escribir, pintaba. ¿Ha cerrado ya ese capítulo?

R. Espero que no. Pinto desde los 25 años, y ahora vivo una etapa de silencio en la pintura. También escribo desde muy joven, pero eran cosas personales, de desahogo, no literatura. Fue en 1996 cuando empecé a hacer narrativa. Y ya no puedo parar.

P. ¿Ha convertido su estudio de pintura del paseo de la Florida en su rincón de escritora?

R. No, escribo mucho en casa, en Majadahonda. El estudio sigue unido a la pintura, que no he abandonado, aunque en vez de pintar esté ahora investigando técnicas y reflexionando. Me gusta mucho ese estudio de la Florida. Sus ventanas dan al río, y ese paisaje y esa luz me han acompañado durante años. Elegí esa zona por la conexión entre la estación de Príncipe Pío y Majadahonda, y enseguida se convirtió en mi segunda casa: entablé amistad con muchos vecinos y comerciantes con los que coincidía en un bar que se llamaba El Santo [por san Antonio]. Lo curioso es que dejé de ir un tiempo, y cuando regresé, algunos ya no estaban, el bar había desaparecido... Así es Madrid, sorprendente y cambiante.

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P. Da una imagen serena, pero la protagonista de su novela es una mujer en crisis. ¿Hay algún paralelismo entre ella y usted?

R. En ambas se da una búsqueda del sentido de la vida y la libertad.

P. Usted ya parece poseer un mundo propio. Le debe resultar relativamente fácil abstraerse de la prisa y el vértigo cotidiano.

R. Sí, pero es que el Madrid que yo percibo no es el del tráfico y la prisa, sino el que te permite pasear y comunicarte. También existe, y es mágico.

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