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El informe oficial culpa del incendio de 16 chalés de Las Rozas a dos operarios que reparaban un tejado

El 16 de junio el fuego arrasó 16 chalés adosados de madera de la urbanización Triángulo, en Las Rozas. El supuesto retraso en la actuación de los bomberos levantó en aquel momento las críticas de los afectados, que acusaron a los responsables de los equipos de extinción de haber permitido que sus viviendas fuesen pasto de las llamas. Sin embargo, el informe oficial sobre el siniestro, que ayer fue dado a conocer en la Asamblea de Madrid, culpa directamente del incendio a dos trabajadores que arreglaban la techumbre -soplete en mano- de una de las viviendas situadas en el centro de la urbanización, a los materiales utilizados en la construcción de los chalés (madera principalmente) y a la falta de condiciones mínimas de seguridad (la urbanización carecía de elementos ignífugos separadores entre viviendas). Los bomberos, según explicó el director general de Protección Ciudadana, Eduardo San Román, actuaron con profesionalidad y rapidez (llegaron en menos de nueve minutos desde que se les avisó) y cumpliendo escrupulosamente el protoloco de actuación.

Según San Román, el soplete que manejaban los operarios incendió la capa asfáltica que éstos extendían. De aquí las llamas pasaron a la buhardilla sobre la que trabajaban. Los operarios intentaron, en un primer momento, apagar las llamas. Cuando creyeron haberlas extinguido, abandonaron el lugar para curar las quemaduras que había sufrido uno ellos.

Volvieron unos 35 minutos después. Levantaron una teja pensando que todo estaba apagado. Pero no era así. Al levantar la teja, el oxígeno entró directamente en la buhardilla. Se produjo lo que los técnicos denominan flash over (inflamación repentina de los gases acumulados, a causa de una inyección de oxígeno). Las llamaradas se extendieron, en las tres horas siguientes, al resto de chalés de madera.

Cuando los bomberos fueron avisados, el fuego llevaba vivo más de media hora. Acudieron 50 bomberos de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid, siete dotaciones y dos helicópteros. Pero, según explicó San Román, ya era tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 25 de octubre de 2000